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14/06/2012 10:05 CEST | Actualizado 13/08/2012 11:12 CEST

Escoba nueva barre bien

Me advirtieron que a Sevilla se va vestida y no disfrazada, así que opté por pedir ayuda y llegué con vestido prestado. Tengamos o no curvas, con lunares, flores o de color entero, las mujeres durante la Feria de Abril son las más lindas del mundo.

Me preguntan permanentemente por mi nueva vida en España. Imagino que por curiosidad o simple educación. Ser la "nueva" del lugar tiene su encanto, para qué negarlo. Seguramente quienes preguntan quieren ver las cosas desde una perspectiva diferente o tal vez reafirmar los pensamientos sobre el lugar que toda la vida han considerado su casa. Las cosas desde otro ángulo a veces logran calar aunque sea por los minutos que dure una conversación.

Todo empieza con: "¿Qué tal estás en España?", a lo que respondo con total franqueza: "¡Feliz!" e inmediatamente siento la inmensa necesidad de añadir: "Además me fascina la comida en España". Eso da tema para los siguientes minutos de charla en los que hablo de la delicia de los tomates, las cosas que he aprendido sobre el jamón ibérico de bellota y los mariscos con aspecto casi monstruoso pero con sabores que han logrado llevarme a la gloria.

Me preguntan por mis hijas. "¿Se han adaptado tus niñas al colegio?" Con absoluta sinceridad digo: "No te imaginas lo contentas que están... se han adaptado perfectamente" y sigo diciendo que el hecho de estar en España les da la oportunidad de conocer niños de muchos lugares del mundo. Me hace gracia escucharlas. Florencia, mi hija de cuatro años, ahora dice "chuches" (chucherías, dulces), cuando la oigo suelto una carcajada porque veo que cada día está más integrada con los niños que la rodean. Paulina, seis años mayor, siente curiosidad por los idiomas que ha ido descubriendo en nuestros recorridos nacionales. Me daba gusto verla descifrar las palabras e inclusive tratar de pronunciarlas en catalán durante nuestra visita a Barcelona. O la risa que le causaba escuchar la radio en San Sebastián sin poder adivinar una sola palabra de euskera. Mientras cuento la anécdota noto que me he salido por completo del tema de conversación. Disimulo tratando de cambiar de tercio pero no lo consigo.

El diálogo continúa y alguien pregunta: "¿Habéis estado en Andalucía?" Doy un salto y digo: "Sevilla es maravillosa". Me recomiendan la Semana Santa y me apresuro a prometer solemnemente que iré el próximo año pero no me aguanto y cuento mi experiencia en la Feria de abril. Nunca pensé vestirme de flamenca. Tengamos o no curvas, con lunares, flores o de color entero, las mujeres durante la Feria de Abril son las más lindas del mundo. Es verdad lo que dicen del vestido. Es un traje muy "favorecedor".

Me advirtieron que se va vestida y no disfrazada. Así que opté por pedir ayuda y llegué a Sevilla con vestido prestado. No pude bailar porque ni idea de Sevillanas. Lo mío es la cumbia. Pero eso no fue impedimento para gozar de la feria. Ya me inscribí en las clases porque el próximo año salgo al ruedo. Otra vez siento que se me ha ido la mano dando detalles de mi experiencia. Pero no lo puedo evitar. El momento es perfecto para contar mi experiencia en El Rocío.

Ninguno de los presentes lo conocían. Así que tenía público para contar lo que viví. Fue como ir al lejano oeste. Retroceder en el tiempo y tratar de entender la devoción que genera la virgen. Es un lugar lleno de alegría, celebración pero al mismo tiempo de espiritualidad. Es sin duda una de las experiencias más intensas de mi vida. Inolvidable, única y por supuesto para repetir.

Como también haré una segunda visita a las Islas Canarias.

A comer las exquisitas "papas arrugás" de Tenerife y confirmar que los canarios tienen mucho en común con los venezolanos. Algún día volveré al agreste pero único paisaje de Lanzarote. Isla en que los alemanes juegan de locales como lo hizo Saramago en vida. Llegué a pensar que estaba en otro planeta. Qué decir de Asturias y Cantabria. Precioso recorrido por la autovía bordeando el cantábrico viendo los acantilados y una vegetación que me recuerda Colombia.

Mi momento se ve interrumpido por alguien que dice en voz alta: "Qué tristeza que te tocó España con la que está cayendo". En ese momento me invade la vergüenza. Auténtica vergüenza. Sentí que haber contado mis experiencias había sido una imprudencia. "Y te ha tocado de todo", dijo otra voz. "Desde las elecciones, Urdangarín, el 15-M, la caza de elefantes, la Merkel, Corinna, Bankia y lo que nos falta". Guardé silencio. Lo que unos minutos atrás era una espontánea exposición sobre lo vivido, en un abrir y cerrar de ojos me convertí en una insensata. Casi me veo obligada a ofrecer disculpas. Sentí que hablaba de otro país. Pero no es así.

Leo los periódicos, veo la televisión, oigo la radio. Aún con eso de por medio me niego a creer que sea lo único con lo que tengo que vivir en España. He aquí el dilema. Para muchos llegué en el peor momento del país sin embargo yo paso por un gran momento personal y espero seguir compartiéndolo sin ningún remordimiento. ¡Gracias España!

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