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06/03/2019 07:39 CET | Actualizado 06/03/2019 07:39 CET

Serás lo que tú quieras

"Mamá, mamá, ¿Sabes que las mariquitas naranjas existen?"

"¿Ah, síii?"

"Sí. Y también me duele la tripa de noche cuando tú estás en Trasbubo (Estrasburgo)".

"Cariño, ¿y por qué?"

"Porque la vida es así, mamá".

Ojalá ésta fuera una conversación inventada. Pero es en realidad la lógica aplastante de una niña de 5 años que aprende a contarle a su madre que a veces la echa de menos.

Siempre bromeo diciendo que la conciliación es "el arte de intentar llegar a todo sin acabar de llegar nunca a nada". Y como en cualquier buena negociación, uno juega sus cartas queriendo pensar que el peón que sacrifica hoy le hará ganar la partida mañana. Que el estrés es un precio asumible, que el tiempo no se mide en fracciones iguales sino en instantes de calidad. Que la felicidad también existe en cajones compartimentados, que una madre puede ser madre del todo y aun así permitirse tener un puesto exigente sin sentimientos de culpabilidad.

Pero con tres niñas en casa, es verdad que hay días en que la mochila pesa más. El progreso económico en Europa y el desarrollo de leyes de igualdad deberían aligerar este sentimiento, sobre todo si consideramos que, con una tasa media de 1,33 hijos por mujer en España –cuando el reemplazo generacional no se alcanza hasta los 2,1 hijos- el tema de la natalidad debería convertirse en una responsabilidad social.

Con tres niñas en casa, es verdad que hay días en que la mochila pesa más

En un informe del Ministerio de Hacienda de 2018, los autores llegaban a reconocer que la brecha salarial entre hombres y mujeres (del 16% de media en Europa) es real y se debe sobre todo "al peaje de la maternidad". Una factura que a menudo pagamos nosotras con un inicio más tardío en el mercado laboral, optando por paros y reincorporación a tiempo parcial durante una parte importante de nuestras carreras. Cotizando menos, optando solo a uno de cada tres puestos directivos en grandes empresas, cobrando, en fin, hasta un 40% menos de pensión. Estas cifras se traducen de muchas maneras, pero ninguna es positiva: Suponen que por cada 2.000 euros que cobra un hombre, la mujer obtiene 1.600€. O que ella trabaja hasta 54 días gratis al año para cobrar lo mismo que su compañero varón. Y que apenas un 33% entre ellas llegará a tener un puesto de alta dirección. ¿Más cifras? Podríamos seguir hasta demostrar que el conocido 'techo de cristal' en nuestra sociedad, si no lo remediamos, puede llegar a convertirse en un techo de hormigón armado.

Pero no todo son malas noticias. Europa, es, de hecho y a pesar de todo, el mejor lugar para vivir en el mundo si eres mujer. Celebramos además este 8 de marzo una excelente novedad. La Unión Europea, en su afán por cambiar el foco de un problema 'de mujeres' para centrarse en la urgencia de la corresponsabilidad, ha logrado alcanzar un acuerdo e imponer en sus 27 países miembro una baja paternal de cuatro meses (al menos dos de ellos no transferibles), que el gobierno español acaba de trasponer a ley nacional, ampliándola además a una baja remunerada para el padre de cuatro meses NO transferibles. Es, sin duda, una importante batalla ganada en Europa.

El problema de la conciliación necesita un abanico de soluciones para ser eficaz: los horarios y la flexibilidad de la jornada laboral

El problema de la conciliación, sin embargo, necesita un abanico de soluciones para ser eficaz: Los horarios y la flexibilidad de la jornada laboral, las posibilidades de teletrabajo, la opción de excedencia para cuidar –hombres y mujeres- de familiares dependientes, las ayudas sociales por hijo, guarderías, las medidas voluntarias de discriminación positiva en empresas... y una apuesta decidida por sensibilizar hasta hacer de todos un problema que es de todos: el de la falta de igualdad de oportunidades. Solo con un cóctel de medidas como las citadas se ha logrado, en países como Suecia, Dinamarca o Finlandia –tres de los países más prósperos de la UE- una tasa de natalidad superior a 11 nacimientos por cada 1.000 habitantes en 2017 (cuando es España rozamos los 9, en parte gracias a la inmigración).

Escasean, además, referentes en la sociedad en los que poder mirarnos. Mujeres Triple M (mujer, madre y manager) que hayan resuelto, de verdad, el problema de la conciliación. Hombres que abanderen la batalla de la igualdad y defiendan, sin complejos, las medidas de corresponsabilidad. Los hay, me consta. Y serán cada vez más.

En la Oficina del Parlamento Europeo en España también quisimos poner nuestro granito de arena en el imaginario colectivo con la iniciativa #DóndeEstánEllas. Dar visibilidad al talento femenino –que hay, y mucho, en nuestro país- con una mayor presencia de mujeres expertas en conferencias y debates. Doce meses después, ya son 58 las entidades que se han sumado a nuestro compromiso, entre universidades, empresas, ONGs e instituciones públicas, buscando esa mayor visibilidad de expertas y evitando, en la medida de lo posible, la organización de paneles de debate íntegramente masculinos (all-male panels).

Mientras tanto, algunos hombres y muchas mujeres de mi generación, que estudiamos y crecimos oyendo que podríamos ser cualquier cosa, seguimos corriendo. Esforzándonos por demostrar que es cierto, que somos capaces, con cuidado siempre de no pisarnos el bajo de esa capa de Superwoman que nos cosieron un día en la conciencia colectiva.

En mi caso, la cuenta @conciliacomopuedas nació hace ya dos años en Instagram con retintín, una pizca de escepticismo y mucha ironía en la voz. Fue una aventura en la que embarqué a mis hijas -Paula, Hanna y Clara- para contar juntas una historia que no es nueva, aunque aún no tengamos bien resuelto el final.

Cierto: en los días malos, miro atrás y pienso que todo esto es la mentira peor contada jamás.

Pero a veces, todavía a veces, creo haberlo conseguido. Porque cuento con el apoyo incondicional de mi pareja, porque al final es mucho lo que disfruto en mi trabajo, porque me miro al espejo y me gusta lo que veo, porque el achuchón de bienvenida por el que rodamos juntas por el suelo del pasillo cuando llego a casa todavía puede más.

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