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04/05/2018 07:33 CEST | Actualizado 04/05/2018 07:33 CEST

Cuando los dinosaurios poblaban la Tierra (en “manadas”)

Getty Images/iStockphoto

¿Alguien se acuerda de Hug el Troglodita? Vale, es de hace mucho tiempo, pero es que una ya tiene un largo recorrido. Pues para los que no lo sepan, era un personaje de tebeo (ahora cómic), cuyas andanzas discurrían en la Prehistoria, entre dinosaurios y esas cosas. Pues bien, el amigo Hug, que no era muy agraciado, nos mostraba la forma de ligar que se llevaba en su época. A saber: Fijarse en la mujer adecuada, golpearla en la cabeza con una porra, agarrarla de los pelos y llevarla a rastras hasta casa. Y vivir felices y comer perdices o mamuts o lo que comieran, hasta que algún tiranosaurus rex hambiento o cualquier otra forma de muerte acabara con la relación establecida "voluntariamente". Sin que la novia a la fuerza rechistara en ningún momento, que la porra formaba parte del mobiliario de la cueva.

Eso era hace un millón de años, cuando los dinosaurios poblaban la tierra. Y ahora, andando el tiempo, resulta que hay que salir a la calle con cien ojos, por si te encuentras un diplodocus en el cajero automático, un velociraptor al cruzar el parque o un diplodocus en el parking del súper. Con traje y corbata, con camiseta y pañuelo de peña al cuello y hasta con toga y puñetas. O un troglodita porra en ristre.

Porque los dinosaurios han desaparecido, pero los trogloditas no. El meteorito que acabó con los grandes lagartos no debió eliminar convenientemente eliminó los genes salvajes, machistas, primitivos o no sé cómo llamarlos, de los seres humanos. Y andando los años, los siglos, los milenios, aquí estamos, hablando de violaciones, abusos, agresión sexual y de si las mujeres deben someterse o luchar con uñas y dientes para preservar su cuerpo y su alma de la llamada de selva. Como si la cachiporra no fuera lo suficientemente convincente como para que se quiten las ganas de protestar.

Pasados unos días de la vergonzosa sentencia contra La Manada, calmado el impulso de escribir con las tripas, tampoco voy a respetar lo que dicen los jueces, porque yo soy humana, tengo opinión y además soy mujer

Pasados unos días de la vergonzosa sentencia contra La Manada, calmado el impulso de escribir con las tripas, no voy a valorar si nueve años son muchos o pocos. Pero tampoco voy a respetar lo que dicen los jueces, porque yo soy humana, como ellos, y por supuesto que tengo opinión. Y además soy mujer.

Mujer de las que se ha cambiado de acera porque detrás de ti caminaba un grupillo de gamberros; de las que, por la noche, ha mirado de reojo antes de meter la llave en el portal de casa; de las que se ha ido a la otra punta del autobús, o se ha cambiado de vagón para no formar un escándalo (y encima salir escaldada); mujer de las que conoce, como todas, casos más o menos próximos de agresiones. Mujer de las que dice eso de "si me pasara a mí, me quedaría paralizada". Y de las que tienen claro que no hay nadie, por muy amante del sexo que sea, que pueda disfrutar en un portal, en el suelo, con cinco energúmenos asaltando todos los orificios de tu cuerpo.

Mujer de las preocupadas porque, a la "manada" le hayan salido valedores, que no consideran tan grave lo sucedido; por el ejemplo que estamos dando a los más jóvenes. Por la vuelta a situaciones que creíamos extintas, como los dinosaurios.

Tal vez tenga que caer otro meteorito sobre la tierra.

Este artículo se publicó originalmente en el blog de la autora.

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