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13/11/2018 07:23 CET | Actualizado 13/11/2018 07:23 CET

Nuevos episodios nacionales

Pixabay
Un sapo.

Cuarenta años tardó Pérez Galdós en escribir sus Episodios Nacionales, el casi medio centenar de novelas históricas que cuentan la historia de España en el siglo XIX, desde la Guerra de la Independencia a la Restauración borbónica, pasando por la Primera República. La verdad es que el siglo dio para mucho, pero habría que ver lo que hubiera escrito Don Benito de vivir en nuestros días.

No sé en qué momento hemos asumido como normales los "episodios" que nos suceden día a día; cuándo hemos decidido, consciente o inconscientemente, cambiar el pan y la mantequilla del desayuno de cada día por un sapo, de esos gordos, viscosos, con verrugas y ojos saltones a los que hemos aceptado como animales de compañía. Así, sin más, venciendo la náusea y tragándonos la bilis.

Y ahí están, mirándonos burlones porque ellos pasarán a la historia, tendrán su propio episodio mientras nosotros nos disolveremos en la nada más absoluta

Ya ni nos asustan ni nos escandalizan. Hasta nos permitimos bromear con ellos, y decir eso de "debo ser la única imbécil que no se ha llevado nada", o "no eres nadie porque no te ha espiado Villarejo". O la única tonta que sacó su título universitario con esfuerzo y en buena lid. Y que no tiene máster, por cierto. Qué lejos queda el primer episodio, tanto, que ni lo recordamos, engullido por el siguiente, el siguiente y los que están por venir.

Tomo a tomo han pasado por nuestras vidas la Gürtel, la Púnica, los ERE, los Pujol, el caso Rato, las sociedades off-shore, amnistías fiscales, los millones en Suiza, las mil y una formas de defraudar a Hacienda, los paraísos fiscales... Los sapos tienen nombre de banqueros, de empresarios de pro, de nobles, de ministros y presidentes, de partidos enteros, de actrices y actores, de miembros de la realeza y alrededores, y hasta de premios Nobel. Y ahí están, mirándonos burlones porque ellos pasarán a la historia, tendrán su propio episodio mientras nosotros nos disolveremos en la nada más absoluta. La de los "nadie", que diría mi admirado Galeano.

Son nuestros episodios nacionales, por más que, cuando cerramos el libro, nos preguntemos perplejos cómo hemos llegado a esto

Los hemos incorporado a la cotidianeidad, a la rutina. Son como levantarse y acostarse. Hay que hacerlo porque sí. Porque es lo que toca en nuestra época. Son nuestros episodios nacionales, por más que, cuando cerramos el libro, nos preguntemos perplejos cómo hemos llegado a esto, por qué lo aguantamos por qué somos capaces hasta de bromear con ello. A ver quién toca hoy. Qué sapo nos espera para desayunar.

Este post se publicó originalmente en el blog de la autora.

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