Esta semana, la comidilla de la profesión va a girar en torno a la sesión de investidura del martes día 1 de marzo. Será la ocasión de ver si Pedro Sánchez tiene los votos suficientes. Para los protocoleros es la de ver, analizar y buscarle los tres pies al gato a una ceremonia que sólo podemos disfrutar cada cuatros años...¡habitualmente!

Esta semana, la comidilla de la profesión va a girar en torno a la sesión de investidura del martes día 1 de marzo. Para todos será la ocasión de ver si Pedro Sánchez tiene los votos suficientes. Para los protocoleros es la de ver, analizar y buscarle los tres pies al gato a una ceremonia que sólo podemos disfrutar cada cuatros años...¡habitualmente!

Como todas las ceremonias institucionales, también ésta está reglada. Los artículos 170 a 172 del Reglamento del Congreso de los Diputados dan la pauta: recibida la propuesta del candidato, se convoca el pleno. Con un único punto en el orden del día: a las 16.30 horas, debate sobre la investidura del candidato a la Presidencia del Gobierno.

Y a partir de ahí, a seguir el reglamento: lectura de la propuesta por uno de los secretarios, exposición de la misma en tiempo ilimitado por parte del candidato, intervención (30 minutos) de los representantes de los Grupos Parlamentarios tras un tiempo de descanso que decidirá la Presidencia; réplicas y contrarréplicas, y después...¡a votar! Votaciones por llamamiento: lo dice el artículo 82.

Y si la Cámara no otorgara la confianza al candidato en primera votación por mayoría absoluta o en segunda, 48 horas después, por mayoría simple, echaremos mano del artículo 172: desde ese momento, hay dos meses de plazo para lograrlo. Después, decreto de disolución de las Cortes y convocatoria de nuevas elecciones.

Pero además de seguir los pasos que manda el reglamento, ¿en qué otros detalles nos vamos a fijar los protocoleros?

En las llegadas y recibimientos: ¿se saludan entre sí los "enemigos" ¿Le ha dado la mano torcida o iba bien de frente? ¿Se han mirado los ojos? ¿Han llegado pronto o por los pelos?

En los "séquitos": ¿Cuántos asesores, colaboradores o asistentes acompañan al candidato? ¿Quién le lleva la cartera? ¿Ha venido sólo o le acompaña su mujer?

En los invitados: ¿Quiénes ocupan la tribuna de invitados? ¿Qué otras autoridades nacionales, autonómicas o locales se sientan en el balconcillo?

En la etiqueta: ¿Lucirán o no los caballeros la corbata? ¿Habrá señores diputados en mangas de camisa? ¿Trajes de chaqueta o vaqueros con jersey para las mujeres?

En las odiosas comparaciones: ¿Leerá mejor su propuesta el candidato Sánchez que sus antecesores? ¿Qué nos dice su lenguaje no verbal?

En la educación de los diputados: ¿Patean? ¿Chillan? ¿Protestan? ¿Interrumpen? ¿Cuchichean al oído del vecino? ¿Sestean? ¿Hablan por el móvil?

En los medios de comunicación: ¿Están bien situados para conseguir buenas fotos? ¿Quién tiene un buen tiro de cámara? ¿Estarán cómodos en su "corralito"? ¿"Canutazos" o ruedas de prensa?

Todos estos detalles y algunos más forman parte del trabajo de un protocolero: en todas esas salsas echamos un poquito de nuestro perejil. ¡Vamos a estar muy ocupados!