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15/02/2019 07:26 CET | Actualizado 15/02/2019 07:26 CET

En defensa de las familias formadas por gestación subrogada

Getty Images

En tiempos de dogmas y religiones pías y laicas se hace difícil apelar a la razón como método de trabajo. Todo es extremo y radical en el peor sentido del término, en aquel que solo se centra en la raíz y olvida así las hojas y los tallos, olvidando pues la complejidad de la obra en su conjunto. Mi posición favorable a la gestación subrogada es de sobra conocida, he escrito mucho sobre ella, y creo que es oportuno que lo vuelva a hacer ahora.

Hay decenas de familias formadas por gestación subrogada atrapadas en Kiev a las que el Gobierno de España se niega a atender a través de su oficina consular; esto es solo un hecho más, una nueva constatación de la apuesta del actual Gobierno de España por hacer caso omiso a las sentencias de los tribunales y a las recomendaciones internacionales en esta materia. Es también una afrenta directa a la Política Europea de Vecindad (PEV), tratando con cierta superioridad moral a Ucrania, un país en estrecha colaboración con la Unión, cuestionando su respeto a los derechos fundamentales.

No está de más recordar que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (en adelante, TEDH) ya se ha pronunciado varias veces en esta materia. Los casos Mennesson (sentencia 2011) y Paradiso (sentencias 2012 y 2017) ya condenaron a Francia e Italia respectivamente por negarse a inscribir a menores nacidos por gestación subrogada en los respectivos consulados de California y Rusia. No alcanzo a entender qué hace el Gobierno de España obviando las sentencias del TEDH que obligan, por extensión, a la inscripción en el consulado español de los menores nacidos en Kiev, y que, recordemos, condenaron a Francia e Italia alegando que en ambos países "el derecho al respeto a la vida privada de los menores había sido infringido, de forma que se puede afirmar que ha existido una violación del artículo 8 del Convenio Europeo de Derechos Humanos".

Abundando en esta idea, la Conferencia de La Haya de Derecho Internacional Privado está trabajando en ofrecer un marco legal mundial en materia de gestación subrogada. Asimismo, la Instrucción de 5 de octubre de 2010 de la Dirección General del Registro y del Notariado de España ya ordena inscribir a los menores nacidos por gestación subrogada en el extranjero; instrucción, por cierto, realizada bajo el mandato del presidente Zapatero.

Siendo realistas, y a pesar de que el contrato de gestación subrogada está declarado nulo de pleno derecho según la legislación española, esta técnica se practica, de un modo restringido, ya en España. El método ROPA, en el que en una pareja de mujeres, una de ellas gesta el embrión fecundado con el óvulo de la otra, es de facto una gestación subrogada. Y es que, si como defienden muchos y muchas, la procreación no es un derecho sino un deseo, ¿por qué el Sistema Nacional de Salud financia la fecundación in vitro en determinados supuestos? ¿Están afirmando así que el Sistema Nacional de Salud español financia deseos y caprichos?

Ahora lo importante es defender a las familias atrapadas y desamparadas en Ucrania por la dejación de funciones de un país europeo, España.

A todas luces, el derecho a procrear se puede entender como una derivación de otros derechos fundamentales, y ese es, precisamente, el fundamento jurídico que sustenta a las técnicas de reproducción humana asistida. No soy partidario de posiciones iusnaturalistas rígidas, sino más bien de las tesis que defienden una mirada progresista y realista que acote los dogmas y las cuestiones morales al ámbito privado. Hace tiempo que el mater semper certa est (madre es la que pare) quedó obsoleto, a la luz de los avances en el campo de la reproducción humana asistida. Hace ya más de 150 años que Stuart Mill, con su principio del daño, rechazó que la ley deba regular la conducta de acuerdo a la moral.

Por otra parte, y aunque son una minoría las parejas de hombres homosexuales que recurren a la gestación subrogada, cabe recordar al Gobierno de España que no permitir que la filiación de los nacidos por gestación subrogada en el extranjero conste a favor de dos varones es a todas luces discriminatorio por razón de sexo, atendiendo al artículo 14 de la Constitución Española.

La gestación subrogada es un tema a todas luces complejo que las sociedades deben abordar con premura para, entre otras cosas, combatir el turismo reproductivo (como ya pasó con el aborto) y para, precisamente, prevenir el tráfico de menores, siguiendo las tesis de Doña Maud de Boer-Buquicchio, investigadora especial de Naciones Unidas sobre la venta y explotación sexual infantil.

Lo que no es admisible en cualquier caso es sembrar el pánico social en las familias formadas por gestación subrogada, puentear las resoluciones del TEDH, o fomentar el bullying con palabras ofensivas hacia este modelo de familia, como hacen constantemente la vicepresidenta del Gobierno de España, Carmen Calvo, o la ministra de Sanidad, María Luisa Carcedo, y todo por la incapacidad de dialogar y de abandonar los dogmas.

Siempre estaré al lado de este modelo de familia, tan maltratado, y en el que los niños nacidos están sometidos a un estigma fomentado, lamentablemente, desde las instancias del poder.

Tiempo habrá para seguir hablando de gestación subrogada, sobre los estudios de la profesora de psicología de la salud en la Universidad de Londres Olga Akker, que afirmó que no se ha encontrado ningún tipo de trastorno en las mujeres que han actuado como gestantes, en regulaciones como Reino Unido, Canadá o Estados Unidos. Tiempo habrá para pedir explicaciones sobre por qué ciertas personas quieren unificar los procesos de embarazo, por qué afirman que todas las mujeres son iguales y que todas parecen tener la misma tendencia afectiva. Tiempo habrá, pero ahora lo que me importa es defender a las familias atrapadas y desamparadas en Ucrania por la dejación de funciones de un país europeo, España; familias formadas por padres y madres que llevan sin trabajar meses, con el riesgo económico y social que esto conlleva. Siempre estaré al lado de este modelo de familia, tan maltratado, y en el que los niños nacidos están sometidos a un fuerte estigma fomentado, lamentablemente, desde las instancias del poder, que tendrán que dar cuenta en unos años de por qué apostaron por fomentar el acoso a este modelo de familia.

Procede citar, para finalizar, a la historiadora francesa Elisabeth Roudinesco que, en su defensa de la gestación subrogada, afirmó que "desde finales del siglo XIX cualquier cambio relacionado con la familia ha llevado a la sociedad al pánico: el divorcio, el aborto, la donación de gametos... ¡Siempre se nos está diciendo que un apocalipsis está a punto de pasar, y nunca pasa! Apocalipsis sería una humanidad que no quisiera hijos". Y ciertamente, la mejor manera de combatir esta suerte de apocalipsis perpetuo es no guardar silencio ante el anquilosamiento moral que nos proponen las doctrinas y los dogmas. Guardar silencio ante las injusticias no es una opción, y menos cuando hay modelos de familia señalados directa y cobardemente desde el Gobierno de España.

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