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19/11/2018 07:15 CET | Actualizado 19/11/2018 07:19 CET

Hombres que gestan (o abortan) y mujeres que fecundan: una realidad a prueba de dogmas

Pixabay

Romper con lo culturalmente establecido, con los dogmas, es siempre harto complicado. Cientos de años en los que la tradición judeocristiana se ha dedicado con empeño a criminalizar el sexo, a ensuciarlo; cientos de años en los que todo lo que se alejara de la normatividad, del canon sexoafectivo que el judeocristianismo imponía e impone, era y es condenado con total seguridad a la burla, al escarnio, a la humillación, a la tortura.

Es en esta hermenéutica donde debemos enmarcar el debate que se nos presenta acerca de los roles de paternidad/maternidad, del género, de los nuevos modelos de familia, de las nuevas realidades. Ya no podemos hablar solamente de mujeres que gestan, paren o abortan, ni de hombres que fecundan o inseminan; hoy, a la luz del progreso en materia de libertad sexual e identitaria por un lado, y de los avances en la medicina por otro, debemos comenzar a hablar de mujeres, niñas y personas gestantes (y por tanto, con derecho a abortar), y de hombres, niños y personas con capacidad para fecundar. Esto es, hay hombres que gestan/paren/abortan y hay mujeres que fecundan/inseminan. Yo soy hombre cisgénero y no vea amenazado mi rol social o mi capacidad para fecundar cuando afirmo que hay mujeres que, como yo, también pueden fecundar. No se trata de invisibilizar a los hombres y mujeres cis, sino de integrar a todas las identidades y realidades. Por esto, por seguridad jurídica y por respeto a los artículos 2, 7, y 12 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, se hace necesario incluir en los textos y tratados de derechos humanos, y en las legislaciones en materia de reproducción humana asistida, los términos "mujeres, niñas y personas gestantes (y con derecho al aborto)" y "hombres, niños y personas con capacidad para fecundar".

Cada vez que se plantea este tema son dos los frentes que comienzan a decir que las mujeres transexuales siguen siendo hombres y que los hombres transexuales siguen siendo mujeres y que, por tanto, solo las mujeres cisgénero gestan o abortan y que solo los hombres cisgénero fecundan/inseminan; estos dos frentes son, a saber, el feminismo TERF (Trans Exclusionary Radical Feminist) y los ultraconservadores ligados a la extrema derecha (como Vox y Hazte Oír).Y creo que va siendo hora, siguiendo las recomendaciones de Naciones Unidas y los Principios de Yogyakarta de aclarar y desmontar algunos puntos que tanto el feminismo TERF como la extrema derecha utilizan para seguir humillando a las personas transexuales:

  1. "Las mujeres trans siguen siendo hombres y los hombres trans siguen siendo mujeres". Empecemos por el principio. El concepto de "hombre/mujer biológico/a" no existe. Podemos hablar, en todo caso, de características anatómicas, cromosómicas, endocrinas, masculinas o femeninas. Los genitales no definen el sexo de nadie. Como ejemplo, la Sociedad Europea de Endocrinología afirma que el cerebro de una mujer trans funciona igual que el de una mujer cisgénero, y que por tanto, los cerebros de personas trans coinciden con el género con el que se identifican y no con el sexo que les fue asignado al nacer. ¿Puede decir alguien que el cerebro no determina el sexo? ¿Pueden el feminismo TERF y la extrema derecha afirmar que a pesar de tener idéntica actividad cerebral, una mujer cis es distinta de una mujer trans? ¿Para el feminismo TERF o la extrema derecha el sexo tampoco reside en el cerebro? Siguiendo con cuestiones "biológicas", el Dr. Zhou en 1995 descubrió que una región del prosencéfalo, la subdivisión central del núcleo del lecho de la estría terminal (NLET) es mayor en varones, y que el menor tamaño de esta región era compartido tanto por mujeres trans como por mujeres cis. Este es sólo un ejemplo más de similitudes anatómicas entre mujeres trans y cis. ¿Para el feminismo TERF y la extrema derecha esto sigue sin ser suficiente? Sigamos. Saliéndome del tema de la transexualidad, me gustaría hablar del Síndrome de Morris o síndrome de insensibilidad a los andrógenos. Estas mujeres son genotípicamente XY, pero fenotípicamente, es decir, de aspecto, son mujeres, también presentan genitales externos femeninos. ¿Para el feminismo TERF y la extrema derecha las personas con Síndrome de Morris siguen siendo hombres, ya que cromosómicamente son XY, a pesar de presentar características sexuales femeninas? Carece de todo sentido afirmar que las mujeres trans siguen siendo hombres biológicos (o que los hombres trans siguen siendo mujeres biológicas). Los argumentos de estos grupos me recuerdan sobremanera a los argumentos "biológicos" que utilizaban la Santa Inquisición o los nazis: pureza, limpieza, normatividad.
  2. "Solamente las mujeres cisgénero gestan y abortan y solamente los hombres cisgénero pueden fecundar". Aquí entra en juego la segunda pata que sustenta a la ideología totalitaria de Hazte Oír o del feminismo TERF: la cultura. La tradición judeocristiana se ha encargado de fabricar una imagen de la mujer en la que el rol más importante a destacar era solo uno: el de madre. La mujer quedaba reducida a la maternidad. Por eso estos grupos radicales afirman sin pudor que madre es la que pare, y ya está. Se quitan así de un plumazo a las madres de niños adoptados, que, a la luz de sus afirmaciones, no pueden ser sus madres porque no los han parido. La idea de que madre es la que pare viene del derecho romano; y cabría recordar que en la época del Imperio Romano no había técnicas de reproducción humana sistida ni avances médicos que hicieran pensar que madre y mujer pudieran ser realidades distintas. El caso de Thomas Beatie, el primer hombre embarazado, nos hizo romper de facto esta unión entre mujer y madre, del mismo modo que el caso de la pareja formada por Ryan Said y Jasmine Merino, primera pareja en poder usar el semen de ella para fertilizar los óvulos de él, supuso un paso más allá, y rompía con fuerza la idea heteronormativa (casi bíblica) de familia, de procreación, de relaciones sexoafectivas. En cualquier caso, el feminismo TERF y la extrema derecha siguen negando a estas personas su condición de hombres o mujeres, por lo que, siguen siendo mujeres que gestan y hombres que fecundan. A pesar de que la realidad ya superó de lejos los dogmas que ciegan y envilecen.
  3. "Las mujeres trans siguen teniendo privilegios estructurales como los hombres cisgénero". He tenido que escuchar esta frase cientos de veces de boca de representantes del feminismo TERF. Afirmar que una mujer trans tiene privilegios es sencillamente distorsionar la realidad. Las mujeres trans sufren el machismo doblemente; primero por el ejercicio proactivo de autodeterminación de su sexo sentido, de su género, que rompe el discurso heteronormativo de dominación de lo masculino, y segundo y más importante porque las mujeres trans retan a toda la tradición judeocristiana y patriarcal escindiendo los roles y papeles asignados a los sexos. Afirmar que una mujer trans tiene privilegios de algún tipo por el hecho de serlo es erigirse uno (o una) en una posición supremacista y peligrosa. El feminismo TERF y la extrema derecha pretenden imponer un canon muy concreto de mujer, excluyente y exclusivo, esto es, toda mujer que pretenda realmente serlo debe ser la mujer canónica que ellos y ellas defienden, y para eso, el primer paso (e imprescindible) es no ser una mujer transexual, a pesar de las evidencias biopsicosociales que he expuesto en esta tribuna. La mujer canónica que el feminismo TERF y la extrema derecha defienden es la excusa que utilizan para seguir oprimiendo y humillando a las mujeres transexuales; es simplemente odio disfrazado de otras cosas. Nada más. Y nada menos.

A modo de conclusión, y ahondando en la necesidad de poner el foco en lo importante, de no justificar el odio en ningún caso, venga de donde venga, me gustaría recordar algunas de las palabras de un artículo que escribí junto a Eleonora Lamm, subdirectora de Derechos Humanos de la Suprema Corte de Justicia de Mendoza (Argentina), para El HuffPost, sobre esta cuestión:

"Familias, descendencia, linaje, parentesco, amor filial, concepción sin relación sexual heterosexual, gestación sin maternidad, filiación registral directa basada en la voluntad de procrear independientemente del aporte de material genético y cualquiera sea el estado civil, la orientación sexual o la identidad de género, maternidad o paternidad con material genético de otra persona (con lo que una mujer sin óvulos puede ser perfectamente madre legal), con embriones de otras personas, con embriones formados por material genético de hasta tres personas (donación de ADN mitocondrial), o incluso – en un futuro no muy lejano – con gametos artificiales. Todo esto implica una ruptura de la regla heteronormativa cuya base constituía la unión inescindible de mujer y madre".

Los dogmas no ofrecen repuestas, solo impiden preguntas. Derribarlos, es una obligación; combatir los discursos de odio, vengan de donde vengan, es un deber moral. Por ello reitero que es imprescindible hablar de mujeres, niñas y personas gestantes y con derecho al aborto, y de hombres, niños y personas con capacidad para fecundar (y por tanto, unos y otras con el derecho de acogerse a las leyes de reproducción humana asistida como cualquier otro ciudadano o ciudadana). Debemos combatir, una vez más, los totalitarismos. Vuelvo a repetir lo que escribí hace unas semanas: las mujeres trans son mis hermanas.

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