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17/08/2018 07:18 CEST | Actualizado 22/08/2018 16:25 CEST

La tele y la Casa Real: Cómo ha cambiado el cuento en 25 años (segunda parte)

El día que todo pudo cambiar.

Bárbara Rey, en una imagen de 2004.
GTRES
Bárbara Rey, en una imagen de 2004.

Ayer empecé esta serie (que acaba mañana, de momento) sobre cómo la televisión española, en plena democracia, ha ido cubriendo los asuntos de la monarquía. Para escribir esta crónica he vuelto a consultar un libro que me leí el verano pasado, y que me dejó fuera de juego: Juan Carlos I. La biografía sin silencios, de la periodista Rebeca Quintáns, "la biografía del rey Juan Carlos I que ni la Casa Real ni los grandes medios de comunicación quieren que leas".

Las cosas que se cuentan en ese libro, muchas de ellas sabidas, otras menos, deberían poder contarse en la televisión de un país con una buena salud democrática. Una vez pasados los famosos años de plomo en los que había que consolidar la monarquía y bla, bla, bla, las cadenas, las públicas sobre todo, deberían poder desvelarlo TODO. Ni secretos de Estado ni gaitas. El derecho a la información incluye los asuntos de la realeza, por escabrosos, turbios o delictivos que sean.

Hubo un día en el que todo habría podido saltar por los aires. Pero no saltó. Y perdimos un tiempo precioso. Canal 9 podría haber hecho historia de verdad aquel 23 de julio de 1997. Veamos qué pasó.

Canal 9: Tómbola y Bárbara Rey

Julio de 1997. Tómbola, ese programa con el que empezó una nueva manera de hacer televisión, invita a Bárbara Rey. Semanas antes se había producido un robo extraño en su casa: habían desaparecido documentos y cintas con audios comprometedores para el Estado que Bárbara guardaba en una caja fuerte. Ella denunció el robo, acusó a Colón de Carvajal, se le dio voz en algunos programas más desenfadados... La noticia se cubrió también en los informativos de algunas cadenas, sobre todo en Telecinco (nunca en TVE), aunque en ningún momento se citó al rey. Recuerdo a Juan Pedro Valentín hablando de una "alta personalidad del estado".

Hubo un día en el que todo habría podido saltar por los aires. Pero no saltó. Y perdimos un tiempo precioso

El caso es que uno de esos jueves de Tómbola, Jesús Mariñas habló del robo, de la denuncia, de Colón de Carvajal y entonces Bárbara Rey llamó al teléfono de aludidos (que es una cosa que me encanta, por cierto) y bla bla bla.

- Bueno Bárbara, pues a ver cuándo vienes aquí y nos lo cuentas todo con detalle, le vino a decir en directo el presentador Ximo Rovira.

- Pues cuando vosotros queráis, le vino a contestar la vedette, calculando mientras tanto cuánto le quedaría neto después de impuestos.

Al acabar, en la reunión de contenidos, la directora del programa, Carmen Ro, y su equipo decidieron invitar a Bárbara para el programa de la semana siguiente. Pactaron el caché, 12.000 euros (dos millones de pesetas entonces. Hace 21 años era DINERO, queridos) y producción se dispuso a organizar el viaje.
Durante la semana, en las promos del programa se anunció la presencia de la vedette y se vendió como el bombazo. Nadie en la dirección de la tele pareció alterarse. Y tampoco en el Palau de la Generalitat. Mandaba entonces Eduardo Zaplana y nada hacía pensar que un día podría leer este post desde la prisión de Picassent (Valencia). A su gabinete llegaba TODO lo que sucedía en la cadena, en la que él también mandaba mucho: no en vano la directora de la tele, en aquel momento Genoveva Reig, había sido su directora general de medios, su asistente de prensa, su mano derecha, su mujer de confianza. De este tema lo conté todo aquí, en este post que me dejó exhausta.

En aquel momento yo trabajaba para la misma productora que hacía Tómbola, Producciones 52, la misma que produjo De tú a tú, aquel programa que Nieves Herrero perpetró en Antena 3 sobre el asesinato de las niñas de Alcàsser. Su marido entonces, Ángel Moreno, era el dueño de la productora. Trabajábamos codo con codo, ellos en Tómbola con personajes VIP como Bienvenida Pérez, Sonia Monroy o Máximo Valverde y yo en un programa infame que se llamaba Parle vosté, calle vosté (Hable usted, calle usted) con famosos de cuarta y quinta fila como el Padre Apeles. Hay que decir que fuimos nosotros quienes lo descubrimos. Sí, eso está en mi currículo, ¿vale?

Pero vamos al tema, que me pierdo en lo trash.

¿En realidad a qué venía Bárbara Rey? ¿Qué iba a contar? ¿Se lo preguntaba de verdad alguien? La verdad es que no. A Bárbara se la invita porque está en ese momento de plena actualidad. Había salido en la tele durante las ultimas semanas (tras el robo) diciendo sin decir algunas cosas, y la idea de ponerla allí en el sofá al lado de Ximo Rovira, cual Chabeli, y someterse a las preguntas de fieras periodísticas como Lidia Lozano, era un plato de primera, a qué negarlo. Pero en ningún momento se tenía claro que fuera a verbalizar lo que el país entero sabía desde siempre. Era un salto al vacío, sin red. Un, bueno, a ver qué pasa. Que venga y a ver qué pasa.

"Ella era el sofá"

Llamé a Ximo Rovira para preguntarle qué recordaba. Y con la amabilidad de siempre, me lo contó. "Ella era el sofá (expresión que se usa en la tele para definir al personaje principal invitado). Era un pelotazo traerla, teníamos claro que el tema estaba controlado, que los límites estaban claros. Cuando hablé con ella por teléfono, para la previa, me pareció una mujer con miedo, y creo que con la entrevista que quería darnos se sentía protegida. El mismo día, por la mañana, la directora Genoveva Reig nos citó en su despacho a la dirección del programa y a mí. Allí nos trasladó la consigna inquebrantable de que esta señora no podía venir al programa. Una llamada, una instancia de muuuuuuuuy arriba, nos dijo, había dado la orden".

Se quedaron estupefactos, claro. Los responsables del programa insistieron, intentaron dejarle claro a Reig que no entrarían en detalles, que no habría ninguna bomba, y que si patatín y que si patatán. Pero ellos no sabían aún que Genoveva obedecía a la primera una orden de su jefe (querría saber si ha ido a visitarlo a la cárcel, por cierto), sin rechistar y sin replicar. Su jefe era Zaplana, efectivamente.

Así que salen del despacho de dirección con dos cosas: con el rabo entre las piernas y con un marronazo, el de tener que llamar a Bárbara y decirle, mira guapa que no, que no subas al avión, que nadie te va a dar vela en este entierro ahora.

Salen del despacho de dirección con dos cosas: con el rabo entre las piernas y con un marronazo, el de tener que llamar a Bárbara y decirle, mira guapa que no, que no subas al avión

Producción la llama. La vedette está a punto de salir hacia el aeropuerto de Barajas. Por supuesto los billetes los tenía desde hacía días. Eran tiempos sin AVE, sin internet, sin móviles. Se pone como loca y le dice a la compañera de producción que la llama que le da igual todo, que ella va a coger el avión sí o sí. En el mismo aeropuerto, un par de periodistas la abordan y ella les cuenta, visiblemente contrariada: "No me dejan salir esta noche en Tómbola, pero yo voy a ir a Valencia de todos modos, porque soy una profesional". Minutos después atraviesa la puerta de embarque.

Cuando Bárbara llega a Valencia va directa a Canal 9. La están esperando los compañeros de producción, incluido el máximo jefazo, el productor ejecutivo Ángel Moreno. La llevan a la zona de camerinos por la puerta de atrás, para evitar fotógrafos. Una vez dentro la dirigen a una sala donde le vuelven a explicar la nueva situación.

- Mira Bárbara, es que no puedes participar. Las órdenes son tajantes. Si apareces un solo segundo en pantalla se acaba la emisión, le dice Moreno.

Ella entra en combustión. Alaridos. Amenazas de irrumpir en el plató.

"Estaba fuera de sí cuando el programa arrancó. Nos temíamos cualquier cosa. Tuvimos que llamar a seguridad y decirles que acudieran a la puerta del plató por si acaso. No habíamos vivido una situación tan tensa jamás", recuerdan en producción.

Estaba fuera de sí cuando el programa arrancó. Nos temíamos cualquier cosa. Tuvimos que llamar a seguridad

Tuvieron que improvisar para llenar de contenidos el programa, con un batiburrillo de temas, alargando historias menores, etcétera. El sofá ese día se quedó vacío.

"Por el pinganillo me dicen que Bárbara está allí, en la tele, y que había problemas, que ella había ido allí con un contrato y que quería entrar en el plató", recuerda Rovira.

La dirección del programa no lograba apaciguarla, ellos argumentaban y ella que no y que no. Le aseguraron que cobrar iba a cobrar igual. Cuando Moreno le puso el talón encima de la mesa, la vedette se calmó un poco. "Ella ha contado que no teníamos intención de pagarle pero no es verdad: si el contrato lo hubiera incumplido ella, quizá podríamos haberlo evitado, pero como la culpa era nuestra, los dos millones se le pagaron sin problemas", cuentan desde la productora. Voy a recordar aquí, por si de pronto lo habéis olvidado, que esos dos millones de pesetas tirados a la basura salieron de los impuestos de todos los valencianos. Canal 9, queridos míos, era una cadena PÚBLICA.

A la puerta de aquella sala donde se atrincheró la vedette, y en la que había una tele encendida con el programa en emisión, llegaron dos tipos, dos pesos pesados de las altas instancias. Altos cargos de la Generalitat. Ninguno de mis colegas ha podido recordar quiénes fueron exactamente. De hecho, cuando he insistido para ver si hacían memoria, me han venido a decir: qué pesada eres, cómo me voy a acordar de eso que pasó hace 21 años... Además, estoy de vacaciones en playa, no me molestes con tus putas preguntas inoportunas. Todo desde el cariño, que nos lo tenemos.

Dos años después de este altercado, Barbara Rey, que no sabía diferenciar un consomé de la confitura de cerezas, se puso al frente del programa de cocina

Y fueron esos dos desconocidos, que la invitaron a abandonar la casa, los que consiguieron que la vedette, al cabo de unas horas, cuando acabó el programa (tengamos en cuenta que Tómbola duraba cuatro horas, también fuimos pioneros en eso) saliera, se subiera a un taxi y se fuera al hotel. En la puerta contó la historia de su veto en Canal 9 a los periodistas a los que ella misma había convocado. Y anunció: esto no va a quedar así.

Un programa de cocina para Bárbara

Dos años después de este altercado, Barbara Rey, que no sabía diferenciar un consomé de la confitura de cerezas, se puso al frente del programa de cocina, En casa de Bárbara, también en Canal 9. Dato: pese a que los colaboradores del programa me cuentan que, efectivamente, no sabía cocinar, en algún sitio he leído que la actriz murciana le cocinaba paellas al rey emérito en su casa de Boadilla del Monte primero y de la Moraleja después. Nadie me ha especificado nunca si eran de verdad PAELLAS o era simplemente arroz con cosas, que es lo que soléis hacer todos cuando decís que habéis hecho paella.

Cuando Bárbara se enfadaba por algo, porque faltaba sal, o por lo que sea, gritaba: "¡Que venga el director general!". Las estrellas son así.

Pero sigamos con el tema. En su conjunto, la cadena PÚBLICA desembolsó cinco millones de euros en aquel espacio que estuvo cinco años en antena. Se ha especulado mucho sobre si ese programa fue un favor que la Casa Real le pidió a Eduardo Zaplana para mantener contenta a Bárbara y sobre todo para callarle la boca. En cualquier caso, el programa se inició en 2000, con Zaplana en el poder, y siguió hasta el 2005, tiempo durante el cual hubo dos presidentes de la Generalitat más: José Luis Olivas y Francisco Camps, así que... Sí, los tres están inmersos en procesos judiciales y condenados en algún caso que ya conocemos. También hemos sido pioneros en eso.

Pese a que el dueño de Trivisión, la productora que se hizo cargo del programa es muy colega mío y siempre nos hemos hecho confidencias televisivas, en esta ocasión no he conseguido sacarle una frase rotunda, "sí me llamó Zaplana en persona para pedirme ese favor", solo emoticonos e ironías. Pero yo, que soy muy lista interpretando sarcasmos y frases a medias puedo tirarme a la piscina (que es justo lo que pienso hacer, literalmente, en cuanto acabe esta crónica) y decir que SÍ, que efectivamente fue un favor que el ínclito Zaplana le hizo a la Casa Real, atendiendo a una velada petición. No sé si me explico...

Jesús Mariñas, que estaba aquel día en aquel plató, dijo en 2013, cuando ya la tele autonómica estaba cerrada: "A Mar Flores la deportaron a Canal 9 como a Bárbara Rey. Y desde aquí mando un abrazo a todos los valencianos".

Y, queridos, si lo dice Mariñas...

Dato: en 2012, cuando Canal 9 estaba en estado terminal y las reposiciones eran la única alternativa, la cadena sacó del cajón, 12 años después de su primera emisión, el programa de cocina de Bárbara Rey. La manera de cocinar había cambiado radicalmente, y la manera en que la tele abordaba la cocina, también. Además Bárbara Rey hacía menciones a asuntos de actualidad, futbolística, social, que en 2012 estaban completamente demodé. Pero eso daba igual: Canal 9 tenía que rellenar y aquello era una buena opción. Quedaba tan patético todo...

Mañana, la tercera y última parte de esta serie. Y la Casa Real sin llamar. Qué poca capacidad para incomodar la mía.