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25/04/2018 07:29 CEST | Actualizado 25/04/2018 13:53 CEST

Los cómplices de la (mala) radiotelevisión pública (y 2)

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Ayer contaba en este artículo lo que determinados profesionales de la radiotelevisión pública llevan haciendo desde que el PP llegó al poder después de Zapatero. Vamos ahora con la segunda parte. Voy a contaros qué es exactamente lo que los partidos políticos suelen esperan de las teles públicas:

- Que por la cadena en cuestión no salga nada que ellos no quieren que se sepa, que es habitualmente lo único que le interesa al ciudadano que vota.

- Salir a menudo, diciendo lo que sea.

- Decidir qué mensajes, en qué momento y a través de quien van a difundirse. Y evitar los otros.

- No salir feos, a ser posible.

Dicho esto, la tarea que iniciaron los profesionales de la pública, liderados por los tres Consejos de informativos, era, como comprenderéis, titánica. Lanzo una pregunta: ¿ha protestado la oposición por el hecho, un poco alucinante, de que en TVE no se haya entrevistado a Puigdemont o no se le haya dado voz a Joan Tarda? Exacto, NO.

"Sabíamos que para que calara la necesidad de cambiar la ley, había que poner de acuerdo a los tres partidos de la oposición, que solo están pensando en sus estrategias políticas a corto plazo. Además había que empujar al PP, para que se sintiera solo y no tuviera más remedio que sumarse. Les dijimos eso, que si no actuaban, estarían siendo cómplices de la deriva de la tele pública", apuntan desde dentro de la cadena.

Lo que pasa con RTVE es un reflejo de lo que pasa en España

Tras hablar con decenas de colegas de cómo han sido estos años de peleas, llego a una conclusión. Lo que pasa con RTVE es un reflejo de lo que pasa en España: el PP sin mayoría absoluta está mandando sin problemas, utilizando bien los mecanismos y resquicios legales y contando con que la oposición no sabe vender sus acuerdos. El viejo divide y vencerás, con el que Rajoy ha sobrevivido toda la legislatura. Así pues, conseguir que la ley para cambiar la elección del presidente de la corporación (que ahora se elige a dedo, por si se os ha olvidado) fue, simple y llanamente, un milagro.

Aquí el resumen del relato que he confeccionado después de hablar con periodistas de la casa, esos que no salen en pantalla y que creen aún en su tarea como tales. "Ningún partido lo lleva en su ADN, no entienden que la ocupación de RTVE es un tema crucial, que si la tele pública no habla de lo que preocupa de verdad a los ciudadanos, deja de tener sentido. Vimos que lo único que iba a funcionar iba a ser la presión directa a los partidos políticos, la amenaza, la acusación de colaborar. Ahí fue cuando reaccionaron y se pusieron a negociar la ley. Pero entonces todos quisieron ponerse la medalla. Finalmente, tras un proceso larguísimo y turbulento, se aprobó. La tramitación había sido tan compleja, la ley estaba tan sembrada de pequeñas trampas (como el método de elección del presidente, cuya fórmula no se aclaraba) que algunos de nosotros, agotados, quisimos tirar la toalla".

Hay otras fuentes del consejo un poco más optimistas y a la vez un poco discordantes. Y eso, la verdad, suaviza un poco todo este infierno. "La oposición acaba reaccionando, cada uno por una circunstancia. El PSOE hay un momento en el que entiende que merece la pena dar esta batalla. Dentro del partido hay gente que se lo cree más y gente que se lo cree menos, pero le parece que puede encajar electoralmente. Dentro de Podemos hay quien se lo cree mucho y otra que se lo cree menos, y dentro de Ciudadanos, ni te cuento. Así que yo no diría que reaccionan a las amenazas. En algunos casos es cierto que han entendido que si no iban a quedar mal, pero yo no creo que el de acusarlos de cómplices haya sido nuestro principal argumento. No me parece justo para la oposición, porque hay alguna gente que ha trabajado con algo más de convencimiento y aunque solo sea por los tres gatos que se lo han creído, creo que hay que puntualizarlo"

Alguien tendría que decir a Ciudadanos que no se llama dedazo, se llama consenso. En eso consiste ponerse de acuerdo

El caso es que Ciudadanos consigue empantanar el proceso, empeñándose en que tiene que ser por concurso sí o sí. Aunque al principio de la batalla le había dado igual. Sólo hay que fijarse en Andalucía, donde son palanca de gobierno y donde nunca les ha preocupado cómo se elegía al presidente de la cadena autonómica. Eso, el imprevisto empecinamiento de Ciudadanos con el concurso, le da al PP la primera oportunidad para retrasarlo todo, para cambiar el método. El argumento de Ciudadanos es que un pacto de los partidos políticos es un pacto oscuro, un dedazo, porque se elige, dicen, a gente viciada. Alguien tendría que decirles que no se llama dedazo, se llama consenso. En eso consiste ponerse de acuerdo.

Hay tres cosas que los periodistas sabemos:

  1. Que no se puede cambiar RTVE sin una voluntad política seria detrás
  2. Que los políticos han de tener claro que no pueden meter mano en los medios.
  3. Que además han de fomentar la independencia de los mismos, por decreto constitucional.

Con estos tres preceptos, los colegas de la pública luchan. Frente a la propuesta del concurso (a la que se apunta el PSOE, que solo pide que sea exprés, es decir que se ha de dilucidar todo en un par de meses) está la de elegir en el parlamento por dos tercios al presidente de la corporación. Que es, defienden desde dentro, lo más razonable. Cinco razones:

  1. El concurso que propone Ciudadanos y que respalda el PSOE si es exprés, debe ser público. Lo que quiere decir que si cualquiera de vosotros decide presentarse, todo el mundo (incluidos tus jefes) lo sabrán. Y si luego no sales... Eso tumba, ya de por sí, a un montón de válidos profesionales, me parece a mi.
  2. Un consenso de todos los partidos de la oposición es un frente común contra el PP y sus marrullerías parlamentarias para paralizar el proceso, que es lo que llevan haciendo desde el minuto uno. Ana Pastor ha intentado de todo para lograrlo: que si grupos de trabajo, que si grupos parlamentarios, que si ahora la mesa, que si votan mal... que si esta semana, que si el 26, que si ley con fugas, que si problemas jurídicos...
  3. El concurso sería una buena idea si tuviéramos, como todos los países de nuestro entorno, un solvente Consejo Superior del Audiovisual.
  4. Es mentira que sea un concurso profesional: los expertos están elegidos por un sistema de cuotas de cada partido. Es decir, quien examina a los que se presentan son los propios partidos, por resumir. Así ha sido en la nueva Canal 9, por cierto.
  5. Este concurso exprés condiciona la presentación de programas serios e interesantes. Diez días de plazo tienen los candidatos para presentar sus propuestas y dos meses los partidos para resolver el asunto.

Frente a todo esto, los profesionales, cada vez más exhaustos, intentan colarse por todas las puertas laterales, ventanas pequeñas, hendiduras... Instigan al PP, tienen interminables reuniones con tormentas de ideas (que no puedo contar pero que son brillantes). Para empezar, el día 26 de abril pueden pasar dos cosas: una, que se dé al botón de inicio y que todo se ponga en marcha; dos, que sigamos empantanados con filibusterías parlamentarias.

En cualquier caso, sea cual sea el método, todo habrá sido para bien si finalmente se consigue que Sánchez deje la presidencia. "Vamos a seguir. A ver quién se cansa antes", aseguran.

Mientras tanto, Cárdenas sigue manchando la tele pública (en marcha hay un segundo post sobre este asunto), y en los telediarios de este fin de semana la muerte del doctor Luis Montes, a quien el PP de Madrid acusó de sedaciones irregulares, ha brillado por su ausencia.

Bonus Track

Hay dos misiones en las que están empecinados mis colegas de la pública:

1. Devolver la tele a los ciudadanos, dignificarla. En informativos y en programación. Y ahí no entra Cárdenas ni el declive de Informe Semanal, por ejemplo.

2. Transformar la empresa en un ecosistema digital absolutamente competitivo.

Lo segundo es muy difícil, casi imposible.

En cualquier caso, como vamos a morir todos, ellos han decidido cuál quieren que sea su epitafio: si el de Urdaci o el de Fran Llorente, por citar dos ejemplos antagónicos.

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