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27/09/2018 07:20 CEST | Actualizado 27/09/2018 07:20 CEST

Soy gordo, soy un tullido, soy un pirado… o 'Radio Gaga'

Getty Images
Quique Peinado (izquierda) y Manuel Burque, conductores de 'Radio Gaga'.

Uno de los mejores programas de televisión que se estrenó el año pasado fue Radio Gaga. Sucedió en la plataforma de Movistar Plus, en el canal #0.

Yo trabajé muchos años en la tele generalista (y pública en ocasiones) en los denominados programas de testimonios. Los contenidos con los jugábamos eran muy similares a los que trata Radio Gaga. La diferencia es que nosotros los convertíamos en mierda y lo que hace este espacio, junto a Manuel Burque y Quique Peinado, sus conductores, es gloria bendita. He intentado resumir aquí por qué.

Un día los de Radio Gaga se fueron a León, a Alfaem, a una residencia de salud mental. Y desde allí nos regalaron delicadeza, buenismo del bueno, tele que sirve, emoción a raudales sin sensiblerías baratas... Mostraron un gusto exquisito por la gente que habitaba ese lugar, los trataron de manera afectuosa, sin falsa amabilidad, construyeron un relato rotundo y pedagógico, nos acercaron la tremenda realidad con una puesta en escena consideraba y bonita. Todo lo que sucedía en pantalla, pese a lo oscuro del tema, era hermoso, había belleza en el sonido, en las palabras, en la risa, en el montaje... Había hermosura sobre todo en la INTENCIÓN.

Fotograma del programa de 'Radio Gaga' en un centro de salud mental.

Y yo no podía dejar de compadecerme a mi misma al recordar aquellos otros programas de televisión en los que yo trabajaba, en los que también tratábamos con lo que nosotros llamábamos pirados, sin más, y aquellas reuniones de contenidos con aquel director psicópata y sin miramientos. Aquella tele falaz, nauseabunda, que contribuía al mal en el mundo.

Recupero ese relato, el de cómo se hacía aquel programa impresentable. Radio Gaga también es televisión. Así que OTRA televisión es posible. Porque, como dice David Randall en El periodista universal, "no hay un periodismo de calidad y otro popular, ni un periodismo serio y otro sensacionalista. Como tampoco hay un periodismo comercial y otro alternativo, o un periodismo pro sistema y otro antisistema. Tan sólo hay un periodismo bueno y otro malo".

La historia de nuestros pirados...

—¿Cuántos locos tenemos hoy? —preguntó el subdirector del programa sobre el más allá.

—Un montón, hay que seleccionarlos porque nos han salido como churros. Hay un par que te van a encantar —contestó la coordinadora.

El equipo de redacción nos esperaba. Nos habían alargado media hora el programa de la tarde y el ambiente estaba tenso. Alargar suponía más trabajo por el mismo precio y los nuevos contenidos eran: corazón, cuando sea una bomba y por supuesto más testimonios. Y más cañeros. En el programa del viernes tocaban PIRADOS: fantasmas, esoterismo, espíritus, hipnosis, veo muertos, Dios y el diablo, oigo voces. Varios compañeros habían trabajado en un programa similar en otra cadena y desempolvaron su agenda una vez más para la ocasión. El apartado "LOCOS" estaba bien nutrido. Nos iba a salir un programa redondo.

Empezamos la reunión. Repasamos punto por punto el contenido del programa de la tarde. Todo bien. Primero vamos con el hermano de María Jiménez y el idilio de la Pantoja con el alcalde. Luego el concurso, el apartado de moda y los testimonios. Ese día había curanderos. Una santera que veía muertos a los siete años, un escéptico que acabó creyendo porque un curandero le sanó la espalda, una antigua crédula que, tres veces, tres, cayó en las redes de "estos estafadores". El programa estaba cerrado.

Fuimos al viernes.

—A ver, lo de los pirados que ven fantasmas y eso. Empieza tú, Julia.

Julia sacó sus tres testimonios. Los expuso. Desencantador de casas y personas poseídas. Ha visto a los ángeles, a Dios y al diablo. Puntuación, un siete, es un poco coñazo...

—También tengo un faquir —dijo Julia.

—Y ¿eso qué tiene que ver? —preguntó el director.

—Es que además ha subido al reino de los cielos —contesta.

—Ah, bueno.

La cosa siguió. Otros redactores sacaron su artillería pesada.

—Tengo una maruja total que ha visto a Jesús. Se le aparece su marido además. Es de Parla, muy creíble todo lo que cuenta. Ya estuvo en el otro programa de apariciones marianas —dice Rocío.

Un tipo que recibe visitas de alcoba. Un profeta que se cree el nuevo Jesús. (Risas del resto de la redacción). Es un loco total: Jesús entró en su cafetería para tomar café. (Más risas). Ha hecho viajes al futuro.

-No me gusta mucho... ¿qué más tenemos? —dice el subdirector.

—Tengo un tío que sufre fenómenos poltergeist. Puede moldear su cuerpo con sus manos. Ve los espíritus en blanco y negro.

Le toca el turno a Maite.

—Tengo un loco divino. Lleva dos años limpiando casas detectando y expulsando fantasmas. Tenemos un vídeo grabado por un amigo en el que se le ve en plena actuación.

—¿Y cómo lo hace?

—Con aspavientos y grititos. Ah, bueno, lo mejor: dice que su trabajo es muy peligroso porque algunos espíritus le han escupido.

—¿Que le han escupido? —pregunta el subdirector muerto de risa.

Desenfreno de todo el equipo.

—Sí, sí —dice Maite— Y lo atacan físicamente, y lo amenazan.

—¿Y eso también lo tiene grabado? —replico yo, con sorna.

—No, no creo. Uno de los fantasmas que expulsó lo siguió hasta su casa y se metió dentro y le hizo la vida imposible.

—Está de atar, el pobre —asegura alguien.

—Y tanto. Dice que son los espíritus los que nos eligen.

—¿Síííí? ¿Y cómo nos eligen? —pregunto.

—Pues no lo especifica. Pero dice que no los vemos porque están en otra dimensión y, lo mejor, atención: los espíritus no pueden atravesar el plástico, de modo que podríamos atraparlos con una bolsa de Carrefour.

—¡Es buenísimo, por favor, es genial! —expone el subdirector—. ¿Y si la bolsa es del Corti?

Coro de risas.

—No acaba ahí la cosa: vive con los espíritus de dos familiares suyos.

Lo sabe porque huele la colonia que usaban sus parientes.

—¿Y sabe qué colonia es? —pregunta Vicky, a quien nunca abandona su espíritu periodístico.

—No me lo ha dicho...

Hasta aquí la basura. Hasta aquí periodistas, cámaras, realizadores, montadores, ejecutivos, cadenas, que destinan recursos, bagaje, dinero, esfuerzos, tiempo en elaborar contenidos sucios, vulgares. Gente que usa al más débil que tú. Al que tiene menos capacidad para todo. Menos dinero. Menos lucidez. Menos estabilidad.

...y los locos de 'Radio Gaga'

Y ahora la buena tele. Radio Gaga estuvo en ese lugar de enfermos mentales que citaba antes y al acabar el programa uno tenía la sensación de que cualquiera de nosotros, cualquiera a quien quisiéramos podría ser uno de aquellos tipos estupendos que desfilaron por el programa. Sentías empatía, te generaban ternura, te colocaban en el lado correcto de la vida.

Burque y Peinado también plantaron un día su caravana en el centro de neurorehabilitación del instituto Gutmann de Barcelona. Y yo recordé aquellos programas que nosotros hacíamos sobre "gente sin complejos". A la reunión de contenidos llevábamos "tullidos y demás". También a enanos. Recuerdo que un vez al director no le bastó que la chica en cuestión fuera solo una enana y nos pidió más. Al final encontramos a una que además de enana, era vidente.

Radio Gaga también hizo un programa delicioso desde Benidorm, donde se acercaron a un grupo de jubilados y contaron sus historias vitales sin condescendencia y sin prejuicios, de buenas maneras, sin cinismo. Y yo recordé aquel programa miserable que hubo que titular Sexo en la tercera edad para convertir esos relatos de ancianos que podían ser lindos, en sórdidas historias de vejestorios.

Podría seguir equiparando las buenas maneras de Radio Gaga y las otras. Las que se pueden ver aún en la tele generalista. Las de Volverte a ver, por ejemplo, que juega de manera tremebunda con el mundo más íntimo. O de todos los espacios que llevan gordos a los platós. O frikis cutres o abuelos chochos. Aunque lo que en realidad me gustaría es haber hecho la tele que se hace desde Radio Gaga y no la que hice y con la que a veces me sentí una rata. Yo, que soy una princesa...

Pido desde aquí un Nobel para el equipo entero. O un Ondas, va.

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