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01/03/2016 07:07 CET | Actualizado 01/03/2016 11:20 CET

¿Y si se va Bertín, qué será de nosotros?

bertin osborneEn 2014 volvió a ganar el PP. Todos pensamos que no era posible regresar a los tiempos de Urdaci y de Sánchez, pero todos nos equivocamos. Tanto, que es imposible detallar o destacar casos de manipulación, mala intención, censura o mala praxis de estos años de oscuridad y desprestigio.

El 16 de octubre de 2003, en TVE pasó esto:

Alfredo Urdaci era director de los Servicios Informativos (de 2000 a 2004) y presentador y editor del Telediario de las 21.00 horas. La cadena había sido condenada por la Audiencia Nacional por manipulación informativa durante la huelga general del 20-J, y él leyó ESTO.

Eran tiempos convulsos en la tele pública. TVE estuvo en la picota de continuo por la guerra de Irak, por el tratamiento informativo del Prestige, y ya al final de su mandato, por la cobertura de los atentados del 11-M. Como verán, grandes momentos en los que una tele pública se la juega. Ha de ser impecable. Incontestable, profesional, imbatible, referencial, incólume...

El director general de RTVE desde 2002 a 2004 fue José Antonio Sánchez. Lo nombró el PP. Así que, para entendernos, era el jefe de Urdaci. Pero esto ya lo he contado aquí, así que haced un clic, va.

Tras aquello de Urdaci, y pese a todos los intentos de control, el PP perdió las elecciones en 2004. Llegaron los ocho años de Zapatero y las cosas mejoraron mucho; por resumir, con informativos reputados, con las mismas presiones de siempre por parte de colectivos varios, políticos de diferentes partidos, instituciones importantes y lobbies de todo tipo, pero con periodistas y jefes en plaza concienciados de lo que debía ser un servicio público.

Llegaron a la cúpula directiva hombres de consenso como Alberto Oliart o Luis Fernández. Hace unos días tuvimos una charla en Espai Rambleta, en Valencia, con Fran Llorente (el mejor director de informativos que ha tenido esa tele hasta la fecha) y Alicia Gómez Montano, exdirectora de los mejores tiempos de Informe Semanal. Ambos recordaban cómo Alberto Oliart se mostraba perplejo cuando Francisco Camps, entonces presidente de la Generalitat Valenciana, le llamaba para reconvenirle por lo que consideraba un maltrato a la Comunidad Valenciana. Oliart, acostumbrado a bregar con altas esferas y temas de enjundia, el hombre que había sido ministro de Defensa en 1981 durante el golpe de Estado del 23-F, se quedaba loco ante las exigencias y las palabras de Camps.

Pero todo tiene una explicación. Francisco Camps estaba acostumbrado a cosas como que en sus resúmenes de prensa se le retiraran las malas noticias que le concernían, y a que en la tele autonómica, en el Canal 9 de sus amores, pasaran estas cosas. Es una entradilla de un debate nocturno. Oigan toda la perorata, por larga que les parezca, y luego ya vuélense la tapa de los sesos. Está en castellano, no teman, que esas cosas en Canal 9 no importaban.

¿Siguen ahí? Bien, son unos valientes. Continuamos, pues. En 2014 volvió a ganar el PP, y Fran Llorente y 60 personas más de la dirección de los servicios informativos fueron apartados de sus cargos. Todos pensamos que no era posible regresar a los tiempos de Urdaci y de Sánchez, pero todos nos equivocamos. Tanto, que es imposible detallar o destacar casos de manipulación, mala intención, censura o mala praxis de estos años de oscuridad y desprestigio.

Dato: en los Premios Feroz se le concedió un premio a la película B, que cuenta la historia de Luis Bárcenas. Bien. La noticia de esos premios en su conjunto NO se dio en los telediarios para evitar dar cuenta de ese galardón, precisamente.

Y fuera de los informativos, hemos tenido programas como Entre todos:

Y perlas en Las mañanas que provocan hilaridad, cuando deberían provocar el espanto:

En Canal 9, mientras tanto, hasta que Alberto Fabra la cerró por disentir del fallo judicial que declaraba nulo el ERE, siguieron pasando cosas nefastas, como no citar la palabra "trajes" en toda la información relativa al caso de los trajes de Camps, con sus comparecencias y su juicio incluido. Había sido difícil también usar la palabra "Gürtel", se usaban giros alambicados para evitarlo, con frases farragosas y demás.

Los periodistas de la redacción paralela acataban órdenes sin más. Buena parte de ellos se quedó tras el ERE. Y allí siguieron. Pero luego llegó el cierre y se fueron todos a la puta calle, y entonces sí, entonces les salió de golpe toda la vena periodística, se cayeron todos juntos del caballo y ¡zas!, se convirtieron en adalides de la libertad de expresión.

Como muestra, esto. Uno de los momentos más vergonzosos que creo haber visto. Si conocieran, además, a los protagonistas, lo entenderían mejor.

Hubo una frase durante aquellos días del cierre que se les dijo a los periodistas de Canal 9 que, de pronto, se convirtieron en los libertadores de la patria. La pronunció, y sonó como una bofetada, como si un estilete se clavara en el esternón, la presidenta de la asociación de víctimas del metro, Beatriz Garrote, que hasta ese día del vídeo NO había salido nunca en la tele. Ni ella ni las concentraciones que cada día 3 tenían lugar en la plaza de la Virgen de Valencia, tal y como quedó claro en el reportaje Los olvidados de Salvados. La repitieron también ciudadanos de todo tipo: "¿Dónde estaban los trabajadores de RTVV cuando se censuraba toda la información sobre aquel accidente del metro que costó la vida a 43 personas e hirió a otras 47?".

Una frase letal, por cierto, que llegó también a la redacción de TVE (no a la paralela, sino a la de siempre). Juntos decidieron que nunca nadie les iba a decir algo así, "¿dónde estabais vosotros, cuando...? tantas y tantas cosas. En el ínterin, volvió por la puerta grande el mismo José Antonio Sánchez, de presidente de la corporación.

El caso es que los periodistas se pusieron lazos naranjas en señal de protesta, se manifestaron, hicieron sentadas, afianzaron el Consejo de Informativos, le contaron al mundo lo que estaba pasando allí dentro, se resignaron a puestos inferiores a su capacidad, algunos con tal de no dejar de lado el servicio publico, y ahora están llenando de poesías las paredes para luchar contra la mala prosa de medicamento.

Todo eso para que nadie les diga, si llegara el caso, la frase maldita.

Ahora se va el director de informativos y el director de la tele, todo al tiempo, y la cadena se queda con una cúpula que ni es cúpula ni es nada, temerosa de lo que está por venir si llega Pedro Sánchez o cualquier otro que no sea Rajoy a Moncloa.

Pero a mí lo que de verdad me preocupa es qué pasará si Bertín Osborne desaparece de la tele, dónde encontraremos entonces la campechanía y los valores de una España de verdad con hombres y mujeres de verdad. ¿Quién le reirá las gracias a Carmen Martínez-Bordiú cuando hable de las meriendas con su abuelito, eh?

No estáis pensando en eso lo suficiente.