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06/08/2018 17:02 CEST | Actualizado 07/08/2018 11:04 CEST

Alegato contra el hijo de puta

¿Por qué si llamas hijo de puta a un machista no insultas a nadie?

HP

El verano, las fotos en la playa, culos, tetas... "¿Cuánto cobras por una felación?", "No puedes ser más perra, puta". Pese a lo grotesco del comienzo de este artículo, es rigurosamente cierto que algunos de los hombres que ven nuestros Instagram, Facebook o lo que sea, verbalicen o piensen esto.

Estas frases entrecomilladas son un extracto de unos comentarios en mis redes sociales en respuesta a un video mío de economía publicado en YouTube. Mi opinión, o al menos lo que me gusta pensar, es que son comportamientos tan anómalos y residuales que no deberíamos elevarlos a la generalidad en el día a día del mundo 'real'. La duda surge cuando en el mundo virtual esos comportamientos aislados en el tú a tú analógico sí se extienden como pólvora en avatares cobardes tras los cuales se esconden infectos tarados.

Yo misma, antes de escribir este artículo, pensé: "No escribas sobre tu experiencia. Que pase pronto el mal trago y ya está". La víctima siempre confía que caiga en el olvido. Pero las redes sociales y los motores de búsqueda no olvidan, al menos de momento. Somos una generación con un Currículum vitae trabajado y real y otro impuesto, integrado por la opinión pública de lo que se supone que somos por pura apariencia.

No son pocas las veces en las que me he tenido que enfrentar a descalificaciones por llevar un escote más o menos generoso. Como si el que se viera más o menos superficie de piel fuera incompatible con la materia gris. Los es para los cerebros frustrados de esos hombres (y alguna que otra mujer, no vayamos a engañarnos a estas alturas) de inteligencia atrofiada. Precisamente fue una mujer la que me dijo hace unos días: "Cuando vayas a la televisión no te pongas escote porque, si no, los hombres no te respetarán y tú has de hacerte respetar". "No debería ir por ahí provocando, claro", le dije irónicamente. "Exacto", me contestó. Y siguió comiendo sin la más mínima contrariedad por mi sarcasmo. Creí recordar súbitamente que estamos en 2018. No sé si el dato me alivió o me espeluznó.

No son pocas las veces en las que me he tenido que enfrentar a descalificaciones hacia mi persona por llevar un escote más o menos generoso

He tenido que soportar que hagan capturas de pantalla absolutamente descontextualizadas, de frames de algunas de mis películas donde se me veía el pecho con la única pretensión de justificar que a mí lo que hay que hacerme es "darme lo mío", que lo estoy pidiendo a gritos. O que cómo voy a ser economista si soy actriz. Claro está que en el cine, como en la vida, los personajes comen, miccionan, se desnudan y a veces incluso se ficciona el asesinato de alguien. Otra cosa es que el director elija que eso se ruede o que quede simplemente en el imaginario de cada cual por una cuestión de metraje, por ejemplo. Pero cuando aporta a la trama, allí están esas escenas y por extensión, esos frames capturados por los carroñeros sexuales.

En el mundo virtual, lo que habitualmente he vivido es que se ha disentido conmigo criticando mi aspecto, mi edad, la interpretación de mi actitud y/o tergiversando la ficción que escribo. En este punto diré que confieso mi temor a vivir en una sociedad literal que no entiende el sentido del humor y la metáfora. Me preocupa pertenecer a una sociedad enferma. Me hace sentir que estamos menos seguros.

Imagino a las madres de esos cafres borrando cualquier huella del registro civil para desvincularse de haber parido semejante animal de bellota

Como yo, son miles de mujeres las que hemos callado para que pase la tormenta cuanto antes. Pero lo que hay que hacer es producir el sonrojo. Denunciar la anomalía. A mí me salió medio bien. Denuncié y algunos de los contenidos peyorativos y casi delictivos fueron retirados dependiendo del criterio de según qué plataforma. También funcionó la orden de alejamiento cuando alguien no entendió que el que yo no contestara ya a nada suyo no era hacerme la interesante, sino ignorarle porque no quería que me siguiera molestando. El juez no tuvo duda.

Imagino a las madres de esos cafres borrando cualquier huella del registro civil para desvincularse de haber parido semejante animal de bellota. Por todo esto en su conjunto, la conclusión de este artículo es clara y desde el título te lo vengo apuntando para que te vaya calando: si llamas a un machista redomado "hijo de puta" no te sientas mal por su madre ni por un momento. No estás insultando a nadie: los hijos de puta, no tienen madre.

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