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04/02/2014 07:41 CET | Actualizado 05/04/2014 11:12 CEST

Si no puedo aceptar lo peor de ti, quizá deberías dejar de ser tan horrible

Nota informativa: No está bien ser egoísta o impaciente, ni perder el control. Estos rasgos, aunque son comunes, son INaceptables. No tendrían que aceptarse, y menos aún deberían hacerlo las personas que dices que quieres. Es TUYA la responsabilidad de cambiar tu comportamiento.

Me acuerdo de la primera vez que me dieron un premio en la liguilla. No me acuerdo exactamente de todos los detalles, pero estoy casi seguro de que mi ficha sería algo así:

Cero carreras, cero home runs, cero tantos, cero pelotas robadas, cero jugadas, siete errores y cuatro veces en el banquillo.

Probablemente, la mayoría de mi equipo jugaba igual que yo, pero conseguimos algunos puntos en el marcador, así que ALGUIEN tuvo que haber hecho algo bien.

Ay, esa trágica tarde timaron a ese niño (quienquiera que fuera). Me dieron el premio a mí. Imaginaos cómo me sentí.

Confundido.

Clausuramos la temporada con una ceremonia de entrega de trofeos en el auditorio del colegio. Uno por uno, llamaron a todos los equipos para darles un premio por su participación. ¡Solo has jugado una vez y no marcaste nada! ¡Felicidades por tu mediocridad, pequeño! Era una figurita de un jugador de béisbol hecha de plástico dorado. Bastante irónico, teniendo en cuenta que no había tocado la pelota en toda la temporada.

Todavía guardo mi premio de consolación, justo al lado de cosas como las postales de San Valentín, que solo recibía porque en la escuela es obligatorio que todos los niños tengan una.

Cuando tengo alguna visita, se lo enseño y comento orgulloso: "Mirad todos los reconocimientos obligatorios que me otorgaron como algo rutinario".

Entonces, a mis invitados les da vergüenza ajena, y la visita se acaba pronto y de forma incómoda.

Resulta que para mí, nada de esto tiene sentido; eso de "todos somos especiales, todos tenemos que recibir un trofeo, una tarjeta, un reconocimiento" solo puede tener dos consecuencias, y ninguna de ellas deseable. Por una parte, puede hacer que el niño, consciente de todo ello, se sienta más avergonzado e inseguro. Saben que no se merecen esos premios, por lo que preferirían que no se les tratara con condescendencia.

Si un niño de una familia pobre llevara puesto un saco a la escuela, se sentiría humillado si su profesor, con la mejor de las intenciones, decidiera premiarle por ser "el mejor vestido". Muchos niños se sienten de ese modo cuando ponen su mediocridad en un pedestal y la consideran como algo excepcional. Parece una tomadura de pelo.

Por otra parte, puede darse el caso de que los niños que no tengan la capacidad de pensamiento crítico acaben creyéndoselo. Entonces, verán todas sus medallas inmerecidas, y se crearán una imagen de sí mismos exagerada. Lo que sale de ahí no es confianza, sino narcisismo y arrogancia. Estos niños están en posesión de la tan célebre autoestima. De hecho, se tienen en una alta estima. ¿Por qué? Por ser ellos mismos. Son espectaculares, guapos, atléticos, brillantes, todo por naturaleza. Hagan lo que hagan, siempre será lo mejor que haya hecho nadie, simplemente porque lo han hecho ellos. Cualquiera que se dirija a ellos deberá sentirse agradecido por tener ese privilegio. El éxito y la felicidad es lo que se merecen, y el universo entero está en deuda con ellos. Son el tipo de personas que esperan que Dios baje del cielo y les conceda un premio cada día.

Estoy seguro de que todos os habéis encontrado alguna vez a alguien de este tipo. Quizás hasta habéis votado por uno de ellos. O trabajáis con alguno, o puede que incluso vuestro jefe sea un tipo así. Tal vez (Dios no lo quiera), hay alguno en vuestra familia. Probablemente, hasta hayáis tenido una relación con una de estas personas.

De hecho, las estadísticas apuntan a que existe una gran probabilidad de esto último; los porcentajes de divorcios hablan por sí solos. Pero, más allá de eso, aunque no haya estadísticas (que yo sepa) sobre las relaciones de no casados que rompen, parece obvio que estamos experimentando una crisis de relaciones fallidas o fracasadas en todos los niveles y de todas las formas. La gente ya no sabe cómo comportarse en una relación. Creo que esta epidemia puede explicarse, al menos en parte, por las veces que nos han engañado cuando éramos pequeños para hacernos creer una falsa grandeza.

Protegidos del fracaso, aislados de las críticas, envueltos en una burbuja emocional, nuestros niños se lanzan al mundo con poca disciplina y aún menos humildad. Se puede observar en muchos ámbitos, pero creo que donde mejor se percibe es en la manera en que hacemos frente a una relación.

Voy a poner un ejemplo. Es poca cosa, quizás insignificante, pero representa algo bastante serio. Estaba hoy dándole una vuelta a Facebook cuando me encontré con este estado:

"Sí, soy una perra, pero tienes que aguantarlo. No voy a estar con alguien que no pueda aceptar todo lo que soy".

Todo esto lo decía una mujer madura. Que, aparentemente, había pasado por la universidad. Y que es mayor que yo.

Me recordó a un meme que todos hemos visto mil veces. Hay verias versiones diferentes, pero normalmente dice algo así:

"Si no puedes lidiar conmigo en mi peor momento, no me mereces en el mejor".

Es una frase tan popular que hasta tiene su propia página de Facebook.

Por supuesto, la cita original, atribuida a Marilyn Monroe, es incluso más insustancial y empalagosa cuando se pone en contexto:

"Soy egoísta, impaciente y un poco insegura. Cometo errores, pierdo el control y a veces soy difícil de tratar. Pero si no puedes lidiar conmigo en mi peor momento, definitivamente no me mereces en el mejor".

Aparte de la profundidad que expresa, el hecho de que decidamos definirnos según esta cita dice mucho de nuestra sociedad.

Dice que necesitamos leer más libros.

También dice que se nos dan fatal las relaciones.

Sí, es cierto que en un matrimonio tenemos que amar a nuestra pareja a pesar de sus defectos. También es cierto que todos tenemos defectos. Pero, TAMBIÉN es verdad que solo un niño mimado, infantil y egoísta trataría a alguien que quiere de la peor manera posible y esperaría que ese alguien lo aguantara porque sus mejores momentos lo compensarían de alguna forma.

Nota informativa: No está bien ser egoísta o impaciente, ni perder el control. Estos rasgos, aunque son comunes, son INaceptables. No tendrían que aceptarse, y menos aún deberían hacerlo las personas que dices que quieres. Es TUYA la responsabilidad de cambiar tu comportamiento y actitud, no son los demás quienes deban lidiar con ello. ¿De verdad crees que eres una joya y que deberían agradecer a Dios la oportunidad que les brindas por tratarlos así y por ofrecerles una muestra de tu superioridad?

Quizás este es tu pensamiento, pero nunca he conocido a semejante perla.

Esta filosofía es venenosa, y va más allá de la cita ofensiva atribuida a una conejita de Playboy del siglo pasado. A menudo, leo o escucho a personas quejarse de que solo quieren encontrar a alguien que les acepte completamente. Sin embargo, el hecho de ser aceptados, no debería ser la finalidad de nuestra relación. Las relaciones sanas se construyen con amor, pero también con retos, y a veces hasta con dolor.

Aceptar. Definición: recibir con aprobación o agrado, estar de acuerdo o consentir algo.

Entonces, ¿nuestro egoísmo, impaciencia y debilidad deberían impedir que fuéramos amados? No. Pero, ¿deberían ser aceptadas estas características? ¿Deberían ser recibidas con aprobación o agrado? ¿Todos deberían consentírnoslas?

No.

No, no y no.

Definitivamente, no.

¿Deberíamos burlarnos de nuestros maridos, mujeres, novios o novias y decirles con frivolidad que lo aguanten, que lidien con nuestro comportamiento hiriente y ofensivo?

No. Y si crees lo contrario -si DE VERDAD lo piensas-, entonces no deberías empezar una relación. No estás preparado para ello.

Además, ¿crees que lo mejor de ti (lo cual probablemente no sea tan maravilloso como imaginas) compensa o anula lo peor de ti?

No. Lo peor de ti es lo peor. Arréglalo. Intenta ser mejor. Nadie tiene por qué soportarlo. Y menos las personas que quieres.

El amor es una fuerza transformadora, y si quieres experimentarlo, prepárate para cambiar todas las facetas imaginables. Mi mujer no me acepta. Menos mal. Ella me lanza desafíos. Me hace ser mejor. En otras palabras, me quiere.

¿Qué tipo de objetivo patético y deprimente es el de solo querer ser aceptado, tolerado y soportado? Ese no es el motivo por el que estamos en este planeta. La vida no consiste en ganarse la aceptación. La vida es un cambio continuo. No es algo estático ni permanente; y ¿quieres que tu relación lo sea?

No hemos venido a este mundo con el derecho a ser eternos príncipes o princesas. Cuando llegamos al mundo somos bebés desnudos, que lloran y dependen de otras personas. Nuestro trabajo es crecer y dejar atrás esa condición. Pero eso nos costará muchos cambios, y mucho aprendizaje para diferenciar lo que vale de lo que no se puede aceptar, lo que es insuficiente. Tristemente, algunos de nosotros somos incapaces de superar este proceso, por lo que nunca crecemos; y al ser incapaces de crecer, somos incapaces de vivir. Es una tragedia.

Así que, no pidas a nadie que acepte lo malo de ti. En su lugar, esfuérzate por mejorarlo. Intenta ser merecedor del amor que te brinda la gente.

Olvida lo que aprendiste en el colegio. El único premio por participar que vas a recibir en la vida es la muerte. Es la única cosa que todos vamos a obtener por estar aquí. Mientras tanto, si quieres algo mejor, tienes que ganártelo. Lo que significa que si quieres una relación mejor, tendrás que ganártela también.

Matt Walsh escribe habitualmente en themattwalshblog.com.

Traducción de Marina Velasco Serrano

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