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17/01/2018 07:28 CET | Actualizado 17/01/2018 18:43 CET

'No a la guerra'. 'Sí al acoso'

Getty Images
Catherine Deneuve

íadie, ni en Hollywood ni en Europa, dijo que se podía caer en una especie de buenismo ni de debilidad general por defender la paz frente a la guerra. Ninguno de los actores y actrices que en su día ocuparon las plateas y escenarios protestando contra la guerra de Irak se encontraron con manifiestos pidiéndoles "prudencia", o hablando del riesgo de caer en una especie "ñoñería global" que restara intensidad y sentido a las relaciones internacionales.

Nadie duda de que hablar de la guerra es diferente a hablar de lanzar misiles de prueba, a comentar el diámetro del botón nuclear o a lanzar amenazas sobre el estallido de un posible enfrentamiento. Y tampoco nadie deduce que hablar contra la guerra se va a traducir en un abuso por parte de los pacifistas para denunciar "falsas guerras" por todas las esquinas del planeta.

No estamos hablando de "formas de relacionarse" en libertad e Igualdad, sino de agresiones y de guerra

Y tampoco se entiende que situaciones previas a las guerras, como cuando se produce algún ataque aislado, o se lleva a cabo un bloqueo comercial, o se invade parte de un territorio... forman parte de una estrategia de "negociación" de buen rollo, de esas que "ponen cantidad" y despiertan el interés en quien en un principio no lo tenía, hasta finalmente llegar a un encuentro maravilloso entre las dos partes. Todo lo contrario, cada una de esas acciones se ven como actos violentos necesarios para desarrollar y avanzar en una violencia más grave, y serán reprobados individualmente con independencia de que tras algunas de estas acciones pueda surgir un acuerdo y una buena relación comercial entre los países implicados.

Y no tiene sentido, porque no estamos hablando de "formas de relacionarse" en libertad e Igualdad, sino de agresiones y de guerra.

En cambio, cuando se habla de violencia sexual y de acoso, se plantea que de lo que se habla es de flirteo, y que no aceptar la violencia históricamente normalizada puede llegar a afectar a las relaciones hasta acabar en un "puritanismo sexual".

Todo está relacionado con una visión romántica del amor que acepta que la violencia forma parte de él

Este planteamiento que, ¡oh casualidad!, una vez más surge de manera "espontánea" por parte de un grupo de mujeres que en todos estos años de acoso y violencia sexual no sólo no han sacado ningún manifiesto contra el machismo, sino que entre las firmantes hay quien ha apoyado a Roman Polansky tras reconocer la violación cometida sobre una menor, sólo tiene sentido si se dan por válidas dos premisas:

  1. La primera es situar los límites en el propio acosador, al entender que en una relación es normal la "insistencia" y el "exceso" intimidatorio y violento, siempre y cuando que quien lo lleve a cabo no lo vea así.

  2. La segunda es aceptar la idea de que las mujeres son "manipuladoras, perversas y poco inteligentes", hasta el punto de no saber diferenciar una relación de una agresión, y de utilizar la situación para denunciar falsamente a los "pobres y bien intencionados hombres".

Como se puede comprobar, ambos planteamientos son una trampa, pues, en definitiva, suponen aceptar lo que ya la cultura machista ha dicho que es normal bajo los mitos e ideas que llevan a entender que en un encuentro entre un hombre y una mujer, "no es sí tras la correspondiente insistencia".

El manifiesto de las actrices francesas pone de manifiesto las influencias y las largas manos de un machismo que dice a los hombres lo que tienen que hacer y a las mujeres cómo han de ser

Todo está relacionado con una visión romántica del amor que acepta que la violencia forma parte de él, hasta el punto de plantearlo en frases como, "los celos son amor", "quien bien te quiere te hará llorar", "hay que aguantar y perdonar por amor"... Y esa misma visión romántica es la que lleva a presentar la guerra como un "acto de amor": amor a la patria, a unas ideas o valores, a un modelo de sociedad, a la libertad... no como un instrumento de odio y poder de quienes pudiendo utilizar sus posiciones privilegiadas para negociar e influir, prefieren atacar, imponer y someter. Exactamente lo mismo que prefieren en las relaciones de pareja.

Todo forma parte del machismo omnipresente e invisible, por eso no es casualidad que esa misma cultura concluya que "en el amor y en la guerra todo vale". Es justo lo que necesita para desarrollar sus estrategias.

El manifiesto de las actrices francesas es eso, poner de manifiesto las influencias y las largas manos de un machismo que dice a los hombres lo que tienen que hacer y a las mujeres cómo han de ser.

Como se puede observar, la utilidad de ese manifiesto no buscaba poner de relieve una forma diferente de ver las relaciones entre hombres y mujeres, ese era su enunciado, la verdadera utilidad era generar la duda, debilitar la respuesta global que se ha producido contra el acoso sexual, y otorgar al machismo el argumento de que las "propias mujeres" y el "propio feminismo" están en contra de lo que las "feminazis radicales" y su "feminazismo anti-hombres" proponen.

El machismo no está dispuesto a ceder su posición de poder ni a renunciar a sus privilegios, y todas las reacciones orquestadas son un ejemplo manifiesto de ello. Por muy intensa que sea la acción contra el machismo nunca se debe menospreciar su reacción.

Este artículo se publicó originalmente en el blog del autor.

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