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16/04/2018 07:31 CEST | Actualizado 16/04/2018 07:31 CEST

De la empatía a la compasión

Getty Images/iStockphoto

La empatía es la capacidad de tomar conciencia y comprender los sentimientos, pensamientos, emociones y punto de vista de otros. Es un elemento clave de la Inteligencia Emocional y nos permite crear conexiones entre uno mismo y los demás, porque podemos entender lo que otros están experimentando como si lo sintiéramos nosotros mismos. De hecho, intentas imaginarte a ti mismo en su lugar para comprender lo que están sintiendo o experimentando.

Aunque pueda parecer que como sociedad nos estamos volviendo más individualistas y egocéntricos, las investigaciones confirman que los humanos y otros animales sociales, especialmente los primates, están equipados con "neuronas espejo", que nos facilitan sentir, leer e imitar las señales emocionales a través de expresiones faciales y otras formas de lenguaje corporal. A nivel cerebral, las neuronas espejo nos ayudan a compartir experiencias emocionales y ser más empáticos con los demás.

Cuando hay algo que nos revuelve por dentro, solemos responder desconectándonos de ello. Lo cual impide que podamos llevar a cabo ninguna acción compasiva.

El problema es que cuando hay algo que nos revuelve por dentro, solemos responder desconectándonos de ello. Lo cual impide que podamos llevar a cabo ninguna acción compasiva. Un ejemplo de este comportamiento sucede con los mendigos por ejemplo, quienes a menudo se quejan de sentirse invisibles porque son ignorados debido al sufrimiento que nos provocar mirarles y ser conscientes de su dura situación vital.

La compasión empieza por aceptar lo que ocurre en estos instantes —aunque duela— sin bloquearlo y sin huir de ello. Un primer paso esencial hacia un comportamiento que pueda ser de ayuda para el otro. Muchas filosofías orientales entrenan la compasión mediante la meditación, lo cual prepara a las personas a ser más proclives a pasar a la acción cuando sea necesario, en lugar de apartarse.

Investigadores del Instituto Max Planck en Leipzig han comprobado este efecto. El cerebro de las personas que miraban videos donde se mostraban escenas de individuos en situaciones de sufrimiento (a quienes se les había pedido que empatizaran con las emociones que percibían), sentían ese eco desgarrador en ellos mismos como si lo estuvieran viviendo. Es decir, quedaba traspasado de las víctimas hacia ellos.

Una mirada positiva sobre las víctimas de sufrimiento nos permite enfrentarnos a situaciones emocionalmente delicadas sin buscar apartarnos y poder lidiar con ellas

A un grupo diferente se les entrenó en la meditación llamada "bondad-amorosa", y se les presentó videos similares, pero a éstos se les pidió que sintieran amor por los que sufrían (componente principal de la compasión). Curiosamente sus cerebros activaban circuitos completamente diferentes, aquellos que se estimulan cuando los padres sienten amor hacia sus hijos. ¡Y esto después de solamente ocho horas de entrenamiento!

Este estudio demuestra cómo diferentes actitudes pueden motivar más ciertas acciones pro-sociales, colaborativas y compasivas con los demás, y cómo una mirada positiva sobre las víctimas de sufrimiento nos permite enfrentarnos a situaciones emocionalmente delicadas sin buscar apartarnos y poder lidiar con ellas. Es desde luego una virtud que deberíamos desarrollar más en nuestra sociedad. Como bien decía el médico y filósofo Albert Schweitzer, "el propósito de la vida humana es servir y mostrar compasión y voluntad de ayudar a los demás".

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