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13/01/2018 08:51 CET | Actualizado 13/01/2018 08:52 CET

Carta a todas las madres que estáis exhaustas: recordad esto

"Nadie trabaja más duro que una madre. No tienes nada que envidiar a una superestrella".

Motherly

Escrito por Justine Lorelle LoMonaco.

Pregúntame cualquier día cómo me encuentro y mi respuesta probablemente sea algo parecido a esto:

"Cansada..., pero ahí vamos".

"Cansada... y hasta arriba de tareas".

"Cansada..., pero por lo demás, bien".

¿Ves algún patrón? Como madre, el cansancio (o agotamiento, directamente) es una constante.

Estamos cansadas durante las primeras semanas como mamás, cuando tenemos que entrar a una habitación a oscuras para alimentar esas boquitas hambrientas y exigentes que nos necesitan, da igual qué hora sea y cuánto tiempo haya pasado desde la última toma.

Estamos cansadas incluso cuando esa época de lactancias nocturnas empieza a suavizarse, porque parece que nos hemos olvidado de lo que era dormir profundamente, con un oído siempre atento al más mínimo llanto de nuestro bebé.

Estamos cansadas cuando los pequeñines aprenden a desplazarse, cuando perseguir bebés pasa a ser nuestro nuevo deporte (no siempre es fácil encontrar tiempo para la siesta).

Estamos cansadas cuando estos pequeñines de repente se cargan las rutinas del sueño a las que nos habíamos acostumbrado, ya implique tener que renunciar a una siesta (o dos) u olvidar lo que era dormir toda la noche.

Estamos cansadas cuando nuestros hijos aprenden nuevos trucos, como escapar de su cuna trepando, o cuando se despiertan para ir otra vez al orinal, o cuando piden su tercer vaso de agua seguido, o cuando nos despertamos del susto al verlos de pie junto a la cama mirándonos fijamente. (¿Quién sería capaz de volver a dormirse después de algo así?).

Estamos cansadas porque no paramos de preocuparnos, de recordar, limpiar, preparar, planificar, hacer y gestionar todo tipo de cosas.

Incluso cuando conseguimos dormir, la carga física, emocional y mental que supone la maternidad nos deja cansadas, hechas polvo, y puede hacernos creer que jamás volveremos a estar completamente descansadas.

Pero cuando sientas que estás a punto de acabar aplastada bajo esos pesados párpados, quiero que recuerdes algo:

Esta temporada acabará.

Un día volverás a dormir toda la noche, incluso mientras tus hijos se hacen solos el desayuno. (¿Es raro tener ganas de que una hija sepa hacerse sus propias tostadas? Porque a mí me pasa).

Estás muy muy solicitada ahora mismo, pero cada vez falta menos para el día en que ambos tendréis más independencia y tú, más ocasiones de echarte la siesta sin remordimientos.

Estás cansada porque lo estás petando.

Nadie trabaja más duro que una madre. No tienes nada que envidiar a una superestrella, ya estés en el trabajo o sacando adelante a tu familia en casa. Luce ese cansancio como una insignia por tu fortaleza: estás agotada porque tienes preocupaciones muy importantes y trabajas más duro que nadie.

No pasa nada si te tomas otra taza de café.

Jamás voy a decirte lo que debes hacer, pero deja que te dé un consejo: ahora no es momento de preocuparte por esa purga de cafeína que llevas un par de años planeando. Échate sin miedo esa taza de café e ignora a quien se le ocurra alzar una ceja por ello. Demasiadas preocupaciones tienes como para hacer caso a ese tipo de cosas.

Todo esto merece la pena.

Ser madre es lo más agotador del mundo, pero no cambiaría ni un segundo por varios minutos de siesta, y apuesto a que tú tampoco. Bueno, vale, algunos segundos de esas lactancias nocturnas sí que los podemos cambiar.

Recuerda: cuando te sientas superada, saturada y demasiado agotada, date un respiro. Tómate un segundo para descansar y meditar sobre la maravillosa vida que estás creando.

Y tómate otra taza de café, que te la has ganado.

Este post fue publicado originalmente en Motherly, apareció posteriormente en el 'HuffPost' Estados Unidos y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.

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