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04/01/2018 07:07 CET | Actualizado 04/01/2018 07:07 CET

Mi ansiedad no me define como madre ni como persona

Solo tenemos el control hasta cierto punto, y esa falta de control no debería arrebatarnos nuestra felicidad.

Motherly

Por Brooke Bohinc

En mi caso, la ansiedad empezó poco a poco.

No hizo su aparición en mi vida hasta que desapareció el sentimiento de novedad de mi primer embarazo. Hasta ese momento, nunca había llegado a aceptar lo indefensa que era en realidad. Trataba de tomar suficientes vitaminas, seguía los consejos de la comadrona y rezaba para que mi pequeña estuviera a salvo.

Porque ese era mi mayor deseo: mantener a salvo a mi hija.

Cuando nació, mi corazón tampoco me dio tregua, sentía que venía con una enorme lista de preocupaciones. Cualquier cosa, por pequeña que fuera (una nariz con mocos o algo de tos), me llenaban de preocupación.

Me aterrorizaban las vacunas, me preocupaba por el crecimiento de mi hija y otras millones de cosas que se le vienen a uno a la cabeza a las 3 de la mañana.

Porque mantener a mi hija a salvo se convirtió en mi mayor preocupación, casi en una obsesión.

Porque, a menudo, la idea de mantener a mi hija a salvo se me antojaba imposible y no sabía cómo hacer para cambiarlo.

Estaba esforzándome muchísimo para dar lo mejor de mí, para estar ahí y disfrutar de cada día, todo ello durmiendo lo mínimo y ejerciendo de madre. Todas aquellas cosas que me había esforzado tanto en dejar atrás (el dolor, la angustia y el hecho de ser incapaz de eliminar esos sentimientos) no tardaron en volver a hacer acto de presencia en mi vida.

Porque, a menudo, la idea de mantener a mi hija a salvo se me antojaba imposible y no sabía cómo hacer para cambiarlo.

Mi embarazo y el primer año de vida de mi hija fueron un periodo de prueba y error en el que yo trataba de averiguar cómo narices iba a hacer que desapareciera esta ansiedad que me destrozaba.

Porque me destrozaba. Se alojaba dentro de mí disfrazada de "preocupación normal de madre" y amenazaba con destrozar mi vida en todas sus facetas.

Invertí tantísima energía mental (algo de lo que cualquier persona que tenga un bebé a cargo no dispone en exceso) creando escenarios horribles en mi mente, como si eso me ayudara a no tener que vivirlos o a prepararme para que no me hiciera tanto daño si efectivamente ocurría algo así. Pero tenía que hacer algo para solucionarlo.

Mientras yo estaba ahí sentada mirando a la nada y el corazón me salía disparado del pecho al imaginarme esas situaciones irreales, mi vida estaba pasando y yo no me daba cuenta.

He acabado aceptando el hecho de que no podemos evitar que ocurran cosas malas. Sí, por supuesto que a veces tomamos decisiones que tienen consecuencias que podemos prever, pero hay demasiadas cosas fuera de nuestro alcance y comprensión.

De modo que nos vemos expuestos ante la opción de instalarnos en ese sentimiento de preocupación y ansiedad y la de reconocer que la vida no es fácil, pero que siempre podemos optar por vivir el momento y disfrutar de nuestra vida al máximo.

Porque no siempre tenemos el control sobre las situaciones, y esa falta de control no debería arrebatarnos nuestra felicidad.

Ahora que tengo una hija pequeña y otro bebé en camino, mi ansiedad sigue batallando contra mis miedos y amenaza con volver a salir. Sin embargo, estoy aprendiendo a lidiar con ella: hago ejercicios de respiraciones, me planteo objetivos, practico mantras (espirituales y prácticos). Estos son los pilares sobre los que se asienta mi vida en la actualidad.

Me he dado cuenta de que mi objetivo no es liberarme de la ansiedad por completo, sino saber cómo enfrentar mis miedos.

Porque me he dado cuenta de que puedo gestionar mi ansiedad y no tiene por qué definirme como madre ni como persona.

Además, voy aprendiendo a ser menos dura conmigo misma los días en los que siento que estoy fracasando.

Me he dado cuenta de que mi objetivo no es liberarme de la ansiedad por completo, sino saber cómo enfrentar mis miedos: debo reconocerlos y comprender que son fruto de una vulnerabilidad. De este modo, puedo ponerle freno a esa espiral que se crea en mi mente y tratar de volver a la normalidad.

No me cabe duda de que la ansiedad me afectará de alguna manera u otra a lo largo de mi vida, pero estoy tratando de aferrarme a las herramientas que puedo emplear para gestionarla y de no sucumbir a los sentimientos arrolladores que suele traer consigo.

Para ser sincera, todavía no he conseguido del todo mi objetivo. No obstante, al igual que muchas otras cosas en la vida, la maternidad nos brinda espacio e infinidad de oportunidades para aprender y volverlo a intentar, y estoy muy agradecida por ello.

Este artículo fue publicado originalmente en Motherly, apareció posteriormente en el 'HuffPost' y ha sido traducido del inglés por María Ginés Grao.

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