agenda falsarius

No sé qué tendrá ese patio pero cruzas el portón, pisas el suelo de albero, te sientas en una mesita a la suave luz de unas lámparas hechas con cubos de cinc y bombillas de verbena, y rodeado de bungavilias, dama de noche y el rumor de la fuente, comprendes cuál es ese Sur que todos buscan.
Cada vez que abro la puerta y lo veo me pregunto ¬Ņqu√© hago yo con un pollo muerto en la nevera? Dan lastimilla. Nada que ver con los rotundos solomillos, con las chuletas pintureras y chulitas, con los compactos entrecotes. A m√≠ es que el pollo me da mal rollo y se me nota. Pero vamos, que luego voy y me lo zampo.
Entras por la puerta y te dan un vinito y una puntita de embutido marino (salchich√≥n, ca√Īa de lomo, butifarra, lo que quieras) que los pruebas y te convences de que igual voladores no existen, pero que cerdos marinos hay fijo. Y que se alimentar√°n con ricas bellotitas de alg√ļn alga-encina de las profundidades.
A mí las cosas me gusta descubrirlas por mí mismo, sin que nadie tenga que venir a decírmelo. Si pido un filete y me traen una cosa que tienen que explicarme que aunque parezca mentira es un filete, ya me mosqueo. Llamadme raro, pero soy así.
¬ŅTe imaginas que con la cocina impostora tambi√©n se adelgazara? Comienzo una serie de recetas tan suculentas como hipocal√≥ricas para combinar con goce y fruici√≥n el seguir comiendo como seres humanos (esto es, no siguiendo una dieta de lechuga y hierbajos, cosa m√°s de cabras) y mantener el tip√≠n. La primera receta son unas brochetas de merluza.
Hay sumilleres muy majos, que recomiendan bebidas y en sus propuestas, puedes descubrir un nuevo gozo, una aventura interesante o una marca que nunca se te hubiera ocurrido probar: "Padre, yo me acuso, he bebido vino tinto con el lenguado".
Leo en un semanal de prensa sobre una encuesta que se ha hecho en Internet. Se preguntaba que en caso de verse obligados a practicar el canibalismo, qué parte del cuerpo elegirían para zamparse. La parte ganadora han sido los muslos. Qué jodíos, el jamoncillo, que es lo más rico.
Vas a comer a un restaurante. Obnubilado por el apetitoso men√ļ que tan ricamente te vende los platos y pose√≠do por una gula incontrolable, acabas pidiendo un mont√≥n de cosas. Como si comer fuera de casa nos produjera alg√ļn extra√Īo brote psic√≥tico que nos impidiera calibrar nuestras fuerzas. Porque es raro.
Ya brotan los primeros turrones en los estantes del s√ļper, ya florecen las cajas de polvorones en los expositores, ya nievan peladillas y frutas escarchadas, y sabes que de un momento a otro llegar√° el instante temido en el que empieza a sonar por los altavoces el disco de villancicos.
Qu√© man√≠a con las tetas grandes. ¬ŅEn qu√© momento traicionamos el elegante encanto de las chicas desnudas de la francesa revista Lui y nos entregamos a la codiciosa abundancia mamaria de las modelos del Penthouse? Ese d√≠a Europa empez√≥ a irse al carajo.