atentados paris

Aficionados de la selección francesa han entonado el himno nacional a la salida del Estadio de Francia, donde se disputaba
La sala de conciertos Bataclan en Paris se ha convertido esta noche en uno de los epicentros del terror que ha sacudido la
El presidente de Francia, François Hollande, ha anunciado que el Consejo de Ministros va a aprobar el estado de urgencia
La marca "Je suis Charlie" circula fuera de Francia por medio mundo sin que el Instituto de Propiedad Industria francés pueda controlar todos los usos que se hacen de la frase (en Argentina, sin ir más lejos, se han visto centenares de carteles que proclaman "Yo soy Nisman"), ni aún en realidad oponerse a ellos, aunque tengan fines comerciales.
Fue un crimen -no un acto de guerra- perpetrado por jóvenes desafectados; radicalizados no por dibujos del Profeta en Europa en 2006 o 2011, sino por las imágenes de la tortura de Estados Unidos en Irak en 2004.
En los sótanos de la cité en la que vive Rania, quince días antes de los atentados, la policía se ha incautado de 300 fusiles de asalto. Pocos lo saben. Nadie lo ha publicado y no citaré mis fuentes. Solo puedo decir que es una de las muchas operaciones secretas que las fuerzas de seguridad llevan a cabo cada día.
Es inevitable sentir miedo, estar asustados y preocupados, mientras digerimos el dolor por la matanza en Charlie Hebdo. Pero el miedo es también un mecanismo de defensa necesario para poner en alerta todos nuestros sentidos, y el más valioso de todos: la inteligencia. Y ella es la que nos dicta que para luchar contra el fanatismo no hay otra vía que robustecer los principios de libertad, de igualdad, de tolerancia y de respeto a la ley que son la base común sobre la que estamos construyendo Europa: una tarea que sigue exigiendo lo mejor de nosotros