avaricia

Durante décadas se nos ha hecho creer que encontraremos la felicidad adquiriendo el último modelo de coche/teléfono/par de zapatos/etc. Pero en cuanto conseguimos ese último modelo que iba a garantizar nuestra felicidad, nos dicen que algo nuevo acaba de salir y que nunca seremos felices si no lo conseguimos... Así es como hemos creado el consumismo.
Señor, confieso que he pecado; es más, confieso que peco constantemente, sin control, y lo que es peor, sin remordimientos. Cuando se vive en una gran ciudad, la tentación se cruza con nosotros en cada esquina. Quizás se llaman pecados CAPITALES porque Madrid es una ciudad hecha para pecar.
Son dos palabras complejas, peligrosas, contradictorias, como los tiempos. Dos formas de ser y estar en el mundo, dos palos en las ruedas de los que trabajan, se esfuerzan e intentan encontrar soluciones. Estas palabras pueden hacer que incluso las situaciones más agobiantes puedan ser interpretadas como oportunidades llenas de sentido y significado. Contra ellas no hay Rajoy que nos valga, ni Rubalcaba que nos defienda.