benevolencia

Cambiar nuestra forma de comportarnos es difícil. Los niños y los adolescentes son motivación suficiente. A partir de ahora sé más cuidadoso, piensa antes de soltar por la boca todo lo que se cruza por tu mente. Piensa con buena fe y sé una persona de bien.
Si la Navidad te evoca valores como la solidaridad, la comprensión, compartir, atender a los más necesitados,... y si además te sientes bien con este tipo de acciones, ¿por qué no estableces un plan para mantenerlas durante todo el año? Ser una buena persona genera una cadena de favores, es el inicio de algo que puede no tener fin, se contagia.
Recuerda que tú eres valioso por lo que tú eres, no por lo que dejas de tener en función de otros. La medida no está en la comparación, sino en ti mismo.
Las personas felices lo son no porque tengan más cosas ni un entorno más favorecido, sino porque son capaces de centrar la atención en lo que es importante. Tú puedes intervenir en tu suerte, crear oportunidades, salir a por ellas.