cocina

Durante los postres había surgido una acalorada discusión sobre la originalidad en el arte culinario. La época era mala para todas las artes. La originalidad se hallaba en decadencia. También había decadencia y laxitud en la gastronomía.
Comer -y cocinar- es más que una función vital, es un acto cultural y una toma de posición en la batalla por la sostenibilidad del planeta. Yo que adoro el atún rojo he decidido retirarlo de mi carta, de mi "dieta".
Por encima de todo intentaré hacer de mi pequeña aportación a este proyecto que nace con un nombre tan raro, un espacio honesto y sincero.
En plan servicio público os dejo un enlace a mi receta de pinchos antirresaca. No sirve para nada (exactamente lo mismo que los demás remedios caseros) pero empiezas el día con algo rico.
Con estos tiempos que avanzan que es una barbaridad, (como decía el chotis), nos encontramos con que la figura del teórico aficionado, "oculto tras un computador", se transforma y se degrada.
Se me ocurre ir a un restaurante y descubro el verdadero significado de la palabra "vacío". Es el amplio espacio sin materia que rodea a los alimentos en algunos restaurantes de lujo. Nunca más.