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Los padres podemos pasar un montón de tiempo preocupándonos de si estamos dando a nuestros hijos todo lo que necesitan. Pero, ¿qué pasaría si les estuviéramos dando demasiado? Ahora que lo veo todo con más perspectiva, me doy cuenta de que debería haberles dado menos.
Existen ciertas verdades evidentes en lo que a ser buenos padres se refiere. Nuestro trabajo es mantener seguros a nuestros hijos, permitirles desarrollar su potencial y hacer lo posible por que estén sanos y felices. Tenemos que dejar que el niño de tres años escale árboles y que el de cinco use cuchillos.
Cada vez que mi hija me desviaba de mi horario, me decía a mí misma: "No tenemos tiempo para esto". Así que las dos palabras que más usaba con mi pequeña amante de la vida eran: "Date prisa". Y aunque las palabras conseguían poco o nada, las pronunciaba igualmente. Más que "te quiero".
Cuando se trata de niños, hoy en día la gente no piensa lo suficiente en la felicidad. Piensan en el éxito. Piensan en las comparaciones. Piensan en etapas, graduaciones y trofeos brillantes. ¿Cómo podemos centrarnos en la felicidad cuando siempre hay tanto que hacer?