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Millones de estadounidenses LGBT van cada día a trabajar con el temor a perder su empleo sin avisar, no por algo que hayan hecho, sino solo por lo que son. Es un escándalo. Es injusto. Y tiene que acabar, porque, en los Estados Unidos de América, quién es una persona y a quién quiere no deberían ser nunca motivos de despido. En Estados Unidos nos une un principio fundamental: todos somos creados iguales, y cada ciudadano estadounidense merece el mismo trato ante la ley.
El senador republicano Ted Cruz es tan contrario a la reforma sanitaria lanzada por el presidente estadounidense Barack Obama