crianza

Muchos de los padres que acuden a consulta por temas relacionados con la educación de sus hijos han acabado convirtiendo su casa en un campo de batalla. De algún modo han acabado creyendo que hay que oponerse sistemáticamente a cualquier deseo o preferencia del niño.
He recibido un montón de emails de mujeres que decían sentirse abrumadas por la maternidad. No de forma peligrosa, simplemente en el sentido de Doy asco y no sé ni cómo se supone que voy a controlar todo esto. Y yo respondo: no se supone nada.
Si no empezamos a corregir, y pronto, estos cinco errores graves, los niños que estamos criando crecerán y se convertirán en adultos arrogantes, egoístas, impacientes y maleducados. No será su culpa, sino la nuestra. No les hemos enseñado otra cosa, nunca hemos esperado nada más de ellos.
¿Qué hora es? ¿A qué día estamos hoy? ¡Dios, con lo bien que se está en esta cama! ¿Por qué no me puedo quedar aquí todo el día? Serían las vacaciones perfectas. A la mierda el Caribe, yo solo quiero mi cama. Mi cama, Netflix y tarta de queso. Y unos Doritos. Ah, y guacamole también.
Estos días estoy reflexionando sobre el reto de la crianza y lo hago con un buen montón de libros sobre la mesa. Por un lado los expertos que proporcionan una visión que aporta serenidad y tranquilidad a los padres. Y por el otro la perspectiva de la madre sobrepasada.
Cuando martirizas a los padres y haces que las madres desconfíen de ellos (aunque sea de broma), haces que la sociedad diga: ¡No dejes al niño solo con papá! Imagínate quién se tiene que cargar entonces con la presión de criar a los niños, con el trabajo y con todo. Pues sí, las madres.
La mujer es bombardeada con un estilo de vivir la maternidad que la devuelve 80 años atrás a un estilo donde la mujer deja de ser mujer para ser madre en su casa y dedicada a lo que algunos piensan que deberían hacer las mujeres y de donde no deberían haber salido.
Dicen que las confesiones son buenas para el alma. Que al confesar, nos liberamos. Así pues, yo confieso que últimamente he estado arruinando de forma extraordinaria e irracional la vida de mis hijos (y que lo sigo haciendo, de hecho). Lo sé, lo sé. Doy asco.
Si nuestras abuelas y bisabuelas vieran la presión que las madres de hoy en día se autoimponen, pensarían que estamos enfermas. ¿Desde cuándo ser una buena madre significa pasarse los días haciendo manualidades, convirtiendo sus habitaciones en portadas de revista y vistiéndoles a la última?
Considera esto una guía para informarte sobre lo que no hay que decir a las personas que intentan vivir con un recién nacido en casa. Algunos comentarios son preguntas, otros son afirmaciones, pero nada de esto debería salir por tu boca si quien tienes enfrente acaba de ser padre.
En mi primer libro pretendo hacer un repaso sobre esas cosas que les pasan a los niños, normalmente a media noche o justo cuando vamos a salir de viaje. Entonces surge la duda: ¿Salimos corriendo a urgencias, echamos allí las horas o tiramos de conocimientos y seguridad?
Pienso en el tipo de personas adultas en las que espero que mis hijas se conviertan, y para eso, siempre me pregunto: "¿Qué puedo hacer hoy para fomentarlo?". Ser consciente de su futuro ha cambiado mi paradigma como madre. "Prepara a tu hijo para el camino, no el camino para tu hijo".
En mi trabajo como psicóloga clínica, la mayor preocupación que expresan los padres es no lograr que sus hijos sean disciplinados. No es ninguna sorpresa. A menudo, están frustrados y agobiados porque han intentado todos los métodos y estrategias sin éxito.
Cuando tienes una hija, empiezas a darte cuenta de que es tan fuerte como todos los demás de la casa; un alma ardiente con la misma vida, los mismos dones y las mismas pasiones que cualquier hombre. Pero también empiezas a darte cuenta de que la mayoría de la gente no la ve de esa manera.
Si realmente queremos saber de nosotros, si realmente nos preocupamos por conocernos, tenemos que formular bien las preguntas y escuchar de verdad las respuestas. Si no queremos una respuesta insustancial, no podemos hacer preguntas insustanciales.
Todos nos estrenamos como padres con una sola idea en la cabeza: lograr que tengan éxito, amor y felicidad. Evita lo que hará que tu hijo sufra depresión, ansiedad, rabia, relaciones familiares tensas, problemas con sus amigos, autoestima baja y conflictos emocionales a lo largo de su vida.
Cuando hablo sobre la ira, la depresión y las formas de ser padres, la gente a veces me lanza miradas incómodas o de incomprensión. Pero la mayoría de las veces, veo caras de alivio, que incluso me dicen: "Sí, sé de lo que hablas".
Cuando tu hijo te mira fijamente a los ojos y te dice: "No, no voy a hacerlo", "Te odio" o "No puedes obligarme", sientes que te está desafiando y no sabes cómo actuar. Tranquila, no eres la única. Aquí tienes siete estrategias que te ayudarán a no desmoronarte.
Senté a Kate, mi hija de tres años, que tiene autismo, en el asiendo del medio, sabiendo perfectamente que un desconocido estaría sentado a su lado durante todo el viaje. Gracias por entretenerla y conseguir que este fuera, con todo, su viaje más tranquilo hasta el momento.
Existen ciertas verdades evidentes en lo que a ser buenos padres se refiere. Nuestro trabajo es mantener seguros a nuestros hijos, permitirles desarrollar su potencial y hacer lo posible por que estén sanos y felices. Tenemos que dejar que el niño de tres años escale árboles y que el de cinco use cuchillos.