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Contra lo que pensáis, sí podemos -y por supuesto debemos- obligaros a cambiar. No vamos a toleraros que confundáis responsabilidad de gobierno o de oposición con "tenemos un cortijo". Se acabó la era de la estética y llegó la de la ética, y esto no tiene vuelta atrás, mal que os pese. La transparencia ha llegado para quedarse.
En una situación tan compleja como la que vivimos es necesario que el poder judicial abra sus puertas a luz y taquígrafos, para dar ejemplo, y para revitalizar la confianza de los ciudadanos en valores democráticos esenciales, como la igualdad de todos ante la Ley. Ya no se trata sólo de derechos constitucionales, sino también de referentes éticos y morales.