desamor

Tengo conocidos, amigos y familiares que siguen juntos por sus hijos. Y es hora de que alguien se levante y alce la voz. No cabe duda de que el divorcio es duro para los niños, pero es mucho mejor que criarlos en medio de un matrimonio violento, lleno de quejas y rencores.
young loveFue amor a primera vista; bueno, casi. La primera vez que vi a mi mujer, sentí algo imposible de describir. Tenía 17 años y trabajaba en un Burger King. Ella era encargada con 19 años. Enseguida nos hicimos amigos y esa amistad se convirtió en algo más. Nos casamos seis meses después.
Al principio me resultaba fácil señalar a mi marido con todos los dedos de la mano y del pie por haber destrozado nuestro matrimonio. Ser un mentiroso y un infiel que había abandonado a su familia superaba cualquier cosa que hubiera hecho yo en nuestro matrimonio. ¿No? Pues no.
Para evolucionar hay que saber cuándo decir adiós aunque ninguno de los dos quiera. Lo que me enseñó mi divorcio es que ser pareja no es lo mismo que ser amantes, que el sexo no es lo mismo que la pasión. Es triste encontrar a alguien perfecto para ti en todos los aspectos, menos en uno...
"Sí, hay alguien más", dijo. "Y es algo serio". Era mi gran amor. Pero habíamos terminado. En su ausencia, él se hacía más presente. Siempre volvía porque siempre estaba. Hasta que dejó de estar. Cada uno siguió por su lado. Él se casó con ella y yo me casé con otro él.
Regina dormía, su bulto cubierto hasta la nuca; destapado, solo un trapecio del cabello. El sudor me empapó la ropa. También los marcos de las ventanas chorreaban, y en el techo comenzaban a formarse gotas semiesféricas, transparentes como el día. Regina dormía sin echar las cortinas ni bajar las persianas, de manera que la claridad vienesa era dueña diaria de nuestras mañanas.
No existe esa vida rosa que nos inculcaron de pequeños en los cuentos que acaban con final feliz. Existe la vida que tú deseas construir, esa de la que te responsabilizas, esa vida en la que, a pesar de las circunstancias y la adversidad, tú te empeñas en ser feliz.
Las personas felices lo son no porque tengan más cosas ni un entorno más favorecido, sino porque son capaces de centrar la atención en lo que es importante. Tú puedes intervenir en tu suerte, crear oportunidades, salir a por ellas.
No podemos obligar a estar a nuestro lado a una persona que no nos ama, ni podemos obligar a alguien a que nos quiera, pero sí podemos obligarnos a nosotros mismos a amarnos más, a estar pendientes de nuestro bienestar, de nuestra felicidad.