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leemarvinEl proceso que ha envuelto a estas últimas elecciones ha puesto aún más de manifiesto el interés en instrumentalizar las ideologías, los partidos políticos y los mensajes que se han trasladado a la sociedad, demostrando que hay quien sabe dónde está y donde quiere ir o permanecer, y quien se puede perder en este nuevo escenario que empezó a levantarse años atrás, no ahora.
2014-02-06-20131023sesioncontrol.jpgNo es conveniente que Alfonso Alonso, Núñez Feijóo, Saénz de Santamaría o Pablo Casado, la última incorporación a la lista de valores a futuro, se consuman antes de tiempo. Hasta los más críticos apoyan la continuidad del presidente: "Estamos en la cuenta atrás y no merece la pena machacar a futuros valores, no sería rentable".
Los vientos de cambio también llegaron, aunque más tranquilos, a las islas Canarias, donde CC, liderada por el alcalde de
grafoEl análisis de comunidades en Twitter durante la semana previa a las elecciones muestra un comportamiento habitual en el contexto político: grupos endogámicos que ensalzan los mensajes del propio grupo e interactúan poco con el resto. Pero también hay algunas cuestiones interesantes que observar:
La fractura entre Pedro Sánchez y Susana Díaz anticipa una dura batalla por el control interno del PSOE. Todos esperan impacientes el resultado del domingo para ajustar cuentas: y la lectura esta vez no se hará por el número de votos, ni por la distancia que les separe del primero, sino por la recuperación o no del poder institucional y por lo territorios donde la marca PSOE pierda la segunda posición.
Es necesario estimular los procesos de toma de control sobre la propia muerte. Muy especialmente en lo relativo a la expresión de Instrucciones Previas, más conocidas como Testamento Vital. El insignificante número de ellos registrado hasta la actualidad es el resultado de la falta de voluntad política; cuando no de un deliberado interés en su ocultación.
Hay que mirar más allá de las encuestas, y el PP ya ha empezado a hacerlo. Igual que Cameron se empleó a fondo en un agresivo cuerpo a cuerpo contra Milliband, Mariano Rajoy hará lo propio contra el secretario general del PSOE cuando se despeje finalmente en julio si será o no candidato a la Presidencia del Gobierno.
De momento, nadie ha sido capaz de poner fin a la guerra que libran la dirección federal y la federación andaluza. Lo intentó hace meses Felipe González, y lejos de conseguir su objetivo no ha hecho más que aumentar las hostilidades entre bandos como consecuencia del apoyo del otrora presidente del Gobierno a Sánchez, la defenestración pública de Chaves y Griñán para allanar el camino de la investidura de Díaz y un diseño de la campaña del secretario general en clave orgánica, y no electoral.
Si las urnas confirman que los gobiernos de un solo color se han acabado en España por muchos años, Felipe González, igual que otros integrantes del Viejo Testamento, apostaría por un entendimiento PP-PSOE que, con la colaboración de Ciudadanos, evitara la voladura del sistema del 78 que tantas veces ha proclamado Podemos. Pedro Sánchez sería -o eso dicen- más manejable que cualquier otro dirigente socialista en ese contexto. Y eso, hoy por hoy, no sería posible con Susana Díaz.