entidades bancarias

El prestigio de los bancos se ha perdido casi del todo. Y no parece que sea un fen√≥meno coyuntural: las actuales generaciones y las futuras no volver√°n a sentir la misma confianza de anta√Īo con el personal de la oficina bancaria. El trabajador de banco que quiera reciclarse debe dejar atr√°s muchos de los h√°bitos y conocimientos adquiridos en un banco.
De las medidas impuestas, aquellas que hacen referencia a los ajustes en términos de estructura -empleados y oficinas- son especialmente llamativas. En el caso de Bankia, las cifras ascienden a 6.000 empleados (que representa un 28% del total) y 1.100 oficinas bancarias (39% del total).
Si la política sirve, básicamente, para solucionar problemas, esta semana es decisiva para que nuestros políticos recuperen su maltrecha imagen encontrando la forma de evitar que cientos de familias pierdan su vivienda. Si lo consiguen, les felicitaremos, pero sin olvidar que ha sido la sociedad civil -los afectados, las asociaciones y plataformas que se han creado en torno a ellos y les han dado voz, los abogados y magistrados que se han movilizado por esta causa, hasta el policía y el cerrajero que han dicho ¡basta!- quienes han hecho posible el cambio. Eso es sociedad civil: eso es democracia.
El Gobierno limitar√°, por segunda vez este a√Īo, la remuneraci√≥n fija de los responsables de entidades financieras que reciben