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¿Pero cómo logra uno cambiar esos conflictos que le hacen sufrir? Intentar forzar a otros a que cambien contribuirá al malestar, propio y ajeno. Sin embargo, si uno se centra en resolver sus propios conflictos, no sólo se hará un bien a sí mismo, también a los demás.
Niños pequeños. Son pegajosos. Gotean mucho. Y se cargan nuestras cosas. Pero no los cambiaríamos por nada del mundo. No podemos. Así que como nos los tenemos que quedar durante 18 años o más, aprendamos de ellos. Esto es lo que nos pueden enseñar sobre la felicidad.
Cada vez que mi hija me desviaba de mi horario, me decía a mí misma: "No tenemos tiempo para esto". Así que las dos palabras que más usaba con mi pequeña amante de la vida eran: "Date prisa". Y aunque las palabras conseguían poco o nada, las pronunciaba igualmente. Más que "te quiero".
Cuando se trata de niños, hoy en día la gente no piensa lo suficiente en la felicidad. Piensan en el éxito. Piensan en las comparaciones. Piensan en etapas, graduaciones y trofeos brillantes. ¿Cómo podemos centrarnos en la felicidad cuando siempre hay tanto que hacer?
Es cierto que el estado de felicidad no es eterno, ni siempre es el mismo, pero anticipar lo que puede fracasar no te previene de nada. Deja de prevenirte de lo que no deseas que ocurra. Así impides dirigir toda tu atención a lo que sí depende de ti en este momento.
El Tercer Parámetro y la redefinición del éxito no van a sustituir a la obligación de rendir cuentas y el cambio a gran escala que los ciudadanos europeos y norteamericanos merecen. Pero unos líderes que estén más en sintonía con su propia sabiduría serán más capaces de tomar mejores decisiones.
En la consulta me encanta invitar a los pacientes a regalarse arte, movimiento, comida sana. Pero mucho más invitarles a ser más conscientes, más presentes, más vivos. Para ello no siempre soy capaz de utilizar palabras. Acordarme un instante de Walden suele bastar. Cada cual tiene el suyo.
Hemos de recuperar la confianza de que en nuestra mano está poder determinar nuestro futuro, o cuanto menos, que vale la pena luchar para intentarlo. Luchemos por hacer de esta la estación de la luz, la sabiduría, la confianza, la esperanza y busquemos, y encontremos, la felicidad.