fracaso

La política española abre una nueva etapa inédita con la repetición de elecciones generales, y la prensa es unánime al señalar
Había una vez un hombre que creyó hacerse a sí mismo y ser alguien con éxito, como si el objetivo de la vida fuese el fruto en el árbol del sueño americano. Pensó que el éxito era el fin del juego y que le aseguraría la salida hacia una vida libre e independiente.
¿Te has preguntado alguna vez por qué hay personas que triunfan y otras que no? Siempre se ha dicho que algunos nacen con una estrella y otros estrellados. Como si la suerte y el éxito dependieran del destino o estuviera en nuestro código genético. Nada más lejos de la realidad.
La pregunta es sencilla, cuando programas el GPS del coche para que te lleve a una dirección que desconoces, ¿le metes la calle concreta y el número al que te diriges, o le indicas varias opciones de direcciones por las que no debería ir? La primera es fácil y eficaz, y por ello es la que siempre utilizamos, y la segunda solo te complica la vida.
El fracaso tiene un lado positivo. Muy positivo. Vamos a sincerarnos: aquí nunca nos han caído bien los ganadores. Es más, no los tragamos. En algunos países como Estados Unidos, el culto al éxito une a sus ciudadanos más que cualquier fe y "perdedor" es el insulto más hiriente que se puede hacer. Aquí el triunfador nos produce urticaria.
El FMI advierte, frente a las tesis del Gobierno, que de seguir esta senda la recuperación económica no empezará hasta 2017. La única esperanza es que se equivoque el FMI y que el Gobierno del Sr. Rajoy tenga razón, pero nos tememos que eso no será así. Y si no es así, tendrá que asumir toda su responsabilidad.
A pesar del interés de muchas parejas por "hacer funcionar" el elixir del amor, se encuentran con barreras, como las famosas disfunciones sexuales, a las que no saben cómo "meterles mano"... nunca mejor dicho.
No hay mayor fracaso que el no intentar aquello para lo que estamos sobradamente preparados. En esta vida, o venimos a "ganar y entregarnos por completo" o no venimos a nada.