irene-rodriguez-caballero

Sólo sé que íbamos cogidos de la mano, sonriendo y felices, y que cuando desperté ya no estaba en mi campo de visión. Los equipos sanitarios y policías procedieron a cortar mi ropa, inmovilizarme y me trasladaron de inmediato al hospital. A Irene la llevaron a otro distinto en Oxford, bastante lejos de donde yo estoy. No pude despedirme de ella.