Klaus Biesenbach

Durante los casi tres meses de la muestra, la propia Abramovi膰 permaneci贸 sentada en una sala del museo ante una silla que cualquier visitante pod铆a ocupar para mantener un contacto visual con ella. 驴F谩cil? L谩grimas, risas, circunspecci贸n, la situaci贸n llevaba a l铆mites inesperados.