la casa

2013-06-30-cintilloeratansuave.jpgTras cabalgar durante algo más de una hora a trote constante, el vaquero se detuvo ante una mansión a las afueras de la ciudad. Ató el caballo a una farola y llamó a la puerta. Alguien abrió y tras escrutarle detenidamente, le invitó a entrar.