Me he pasado la mayor parte de estos últimos 30 días perdida en ese vacío que inunda el corazón y limita el pensamiento. He vivido 30 años en estos 30 días. Soy 30 años más triste. Me siento 30 años más sabia. Y podría seguir sumida en la nada, pero prefiero elegir la vida y el sentido.
Tengo tres hijos y me siento un poco culpable por el mediano. Hay veces que me pregunto cómo recordará su infancia: ¿se acordará sólo de la ropa heredada del mayor o de las veces que no podía tumbarme con él porque tenía que ocuparme de que el pequeño se durmiese?