marketing

Seguro que tú también has caído. Fuiste al supermercado y terminaste revolviendo en la estantería de refrescos en busca de
Según el aroma de una tienda se puede llegar a vender un 33% más, cuanto más placer provoque el tacto de un volante de un coche más se venderá, incluso si está pensando en vender su casa no hay nada mejor que el olor de una taza de café. Cuanto más se conozca sobre el cerebro, más fácil será manipularnos.
Existe una demanda creciente por parte de la sociedad y ciudadanía para que empresas, corporaciones, grandes marcas y sus directivos contribuyan más a nuestro bienestar. Se necesita. La crisis ha cambiado muchas cosas, entre ellas valores y prioridades.
Si eres de los que están intentando encontrar la dichosa latita con tu nombre para hacerte una (¿original?) foto con ella
Los responsables de los productos o servicios hemos banalizado nuestra misión de dar valor, y hemos inundado de irrelevancia las cestas de la compra. Sólo el 30% de las marcas más habituales serían de importancia. Es decir, el 70% podría desaparecer mañana y no pasaría absolutamente nada.
Maduramos como sociedad e individuos. Mientras la visión de sociedad y contexto es extremadamente negativa, hay cierto punto de positividad cuando uno se siente individuo, incluso parte de una familia con renovado protagonismo. Esto no lo salva nadie aparte de nosotros mismos. Esta es la esperanza.
Hemos llegado al límite. Ahora estamos sobredoseados. Es insoportable una ración añadida de bífidus activos, de escalofríos, de promesas de crecimiento vital. Muchos estamos desbordados, incapaces de gestionar los SMS de regalo, los muñecos del happy meal y las bondades interminables de los tampax.
Parecía la típica acción de marketing que organizan las empresas para hacerse un poco de publicidad: una marca de móviles
Las marcas, más allá de ser diferentes, deben marcar diferencias reales en las vidas de los consumidores y en la sociedad en general. En definitiva, contribuir a nuestro bienestar. De lo contrario, desaparecerán.
Menos dinero significa menos compra. Las grandes marcas detrás de los productos cotidianos se adaptan a una España en crisis