mocos

El sistema inmunitario te lo agradecerá.
Aparentemente, es bueno para los dientes y el estómago.
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No hay que ver las repetidas enfermedades infantiles como fracasos inmunitarios, sino todo lo contrario. Ese niño siempre mocoso está librando una batalla para mantener su portería a cero, está peleando porque tiene una gran defensa, está aprendiendo estrategia y madurando. Si no tuviera defensas, el gol ya habría venido en forma de gravísima enfermedad.
Entran por la puerta esos padres amorosos con su bolita de niño, 5 ó 6 capas de abrigo que no le han quitado durante los 15 minutos en la sala de espera, que el niño tiene ya los ojos como un pescao cocido. Asomando tímidamente por un orificio de la nariz se atisba lo que parece que es algo líquido y transparente, un moco.
Si nos defienden del agresor, ¿por qué ese empeño en eliminarlos a toda costa? Anteponemos criterios estéticos dudosos, como que el niño con cosas verdes saliéndole por las narices es más feo que el niño sin tal aditamento.