Opinión - Política

Este es el problema de España. Que hay una generación de políticos que han sustituido el diálogo por el decálogo.
Es el lenguaje de las piedras. Tomaron la palabra.
Tenemos la desgracia de que pocos son los ejemplos de liderazgo por parte de expertos.
El ilegítimo afán de votar a favor o en contra de la independencia no puede catalogarse como “violencia”.
La arquitectura es siempre expresión de la sociedad que la genera.
Conversamos saltando de un tema a otro sin tapujos ni prejuicios.
Son mortales, como nosotros, los que les hemos colocado, o les vamos a colocar, en determinado lugar que no es ni mucho menos el cielo.
Las direcciones de ambos partidos decidieron olvidarse de la gente.
O al día siguiente del 10-N ya hay propósito de enmienda o… quién sabe lo que puede pasar.
Muy poco se sabe de la formación desde que fue anunciada el pasado día 22 de septiembre.
La llegada de Errejón y el partido Más País han revigorizado a gran parte de la izquierda desencantada.
Abre el ojo, ten cuidado y desconfía de navajas de barbero en manos de políticos.
Puede que el problema consista en que los ciudadanos votamos lo que queremos. Es decir, mal.
¿Cuál sería ese movimiento rápido y audaz, esencia del mejor Podemos? Iglesias anunciando que tiende la mano a Errejón y ofreciéndole que se una a UP.
La política se ha convertido en una pasión de fútbol, en un acto de fe religioso contra cualquier evidencia.
Generar ilusión y pasión, que transformen la desazón y decepción en épica, es la mejor vacuna contra la abstención, así como la herramienta necesaria para ensanchar el campo progresista.
Apostar todo al estado actual de las encuestas podría ser una decisión muy arriesgada.
Otra investidura fallida sería el hazmerreír de Europa, que además echaría al sumidero el crédito ganado por España desde la Transición...
Los que van a gestionar un país de casi 50 millones de habitantes no han elaborado un relato: han elaborado un drama.