temple bar

Llaman a la puerta; es él. Yo me santiguo, que aunque no sea creyente. Le abro, y ya desde fuera, inspecciona cada rincón de la casa. Nada más entrar, posa su dedo índice en el rodapié, y no lo levanta hasta haber recorrido todo el perímetro del piso. Se gira hacia mí y me observa para asegurarse de que vea bien su dedo, envuelto en una bola de polvo.
Me cae genial. Jess es extrovertida, simp√°tica y cari√Īosa. Pero no s√© cu√°nto podr√° durar esta convivencia. Solo llevo aqu√≠ unos d√≠as y ya es evidente la incompatibilidad de nuestros ritmos biol√≥gicos.
Amanezco en el cochambroso sofá de Mr.Dirty y tecleo en mi portátil el nombre de la web donde empezar a buscar piso. Mi escaso patrimonio me llega para pagar, o tres meses de alquiler, pero sin comer, o sólo dos si quiero evitar la muerte por inanición.