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El estreno de Trist√°n e Isolda en el Teatro Real se sald√≥ con un aplauso entusiasta pero no del todo entregado del p√ļblico, que tras cinco horas (cuatro de m√ļsica y una de descansos) parec√≠a tener prisa por volver a casa. El coliseo asisti√≥ a un di√°logo entre el el drama oper√≠stico y una creaci√≥n audiosivual y puso la conversaci√≥n al servicio de una partitura que ya en 1865, cuando se estren√≥ en M√ļnich, era radicalmente moderna.
"La ópera siempre es demasiada información, más de la que podemos llegar a comprender. Por eso me gusta, en comparación con