violencia

La juventud es algo pac√≠fico e inocente por naturaleza. Esto es lo que se dice a nivel te√≥rico. Pero, entonces, ¬Ņqui√©nes son los violentos que han tirado huevos a la polic√≠a pac√≠fica durante las protestas celebradas desde septiembre pasado? L√°stima, son tambi√©n j√≥venes, pero de los malos.
El derramamiento diario de sangre a solo un paso de los EE UU es la se√Īal m√°s clara de que algo terrible est√° sucediendo en el vecindario. Torsos sin cabeza colgando de los postes de luz en Ciudad Ju√°rez en M√©xico contrastan con las limpias calles de El Paso, al otro lado de la frontera.
Mijaíl Kaláshnikov lleva siete décadas acumulando las más altas condecoraciones de Rusia y la Unión Soviética; banderas rojas y estrellas doradas cuajan su pecho, y estatuas han sido elevados en honor de alguien cuyas manos han estrechado las de Putin y Stalin. Parece no haber premio suficiente para el hombre que inventó el rifle de asalto más famoso del mundo.
Excepto por la presencia en los medios de comunicación de algunos acontecimientos extremadamente dolorosos, la violencia de género está siendo condenada al silencio. Este Gobierno no condena, no denuncia, no está presente liderando un mensaje claro y contundente de rechazo frontal a la acción violenta y a quienes la ejercen, tal y como sería necesario.
Vivimos en el lugar y en el momento más seguro de la historia de la humanidad, Europa occidental a comienzos del siglo XXI. Si tenemos la sensación de que el mundo es cada vez más violento, es porque estamos más sensibilizados. En estos tiempos de crisis económica, es una buena ocasión para pensar en los motivos que tenemos para ser profundamente optimistas.
En casos de separación y divorcios donde existe violencia, una de las principales preocupaciones para las mujeres es que sus hijos e hijas sean protegidos contra el maltratador. Esta lucha es una de las más difíciles, ya que en estos casos, nuestro sistema judicial no es especialmente neutro.
Veo a una ciudadana suplicando desarmada, arrodillada e indefensa. Veo a un policía gritando escopeta en mano, chaleco, pistola, casco y botas con punta de metal. Todo se repite en un bucle cada vez más peligroso.