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01/11/2018 10:12 CET | Actualizado 01/11/2018 10:12 CET

Quién te cantará: El hombre que mira a las mujeres que sufren

Imagen promocional del filme 'Quién te cantará'.

"Pero yo escribo más por el fondo que por el hecho de que sean mujeres. Es un terreno resbaladizo. ¿Sabes de lo que tengo miedo? De que al subrayar algo mucho caiga en la condescendencia, y muchas veces no hay nada más machista que eso".

Carlos Vermut

No hay mejores relatos que los audiovisuales para constatar hasta qué punto la cultura sigue dominada por una mirada androcéntrica y, en consecuencia, por qué es tan necesario que haya más mujeres contándonos sus historias y ofreciéndonos otras perspectivas de un mundo en el que ellas no solo deberían ser la mitad del cielo. Una necesidad que se hace más evidente, al menos para mí, cuando como espectador me enfrento a películas gestadas por hombres y centradas en las vidas de las mujeres. Es muy habitual que en estos casos me encuentre con un imaginario hecho a imagen y semejanza de los poderosos, o sea, nosotros, y en el que ellas aparecen esclavas de estereotipos. Es decir, atrapadas en ese espejo en el que nosotros siempre nos hemos mirado para sentirnos mucho más grandes.

Este retrato tan sesgado del universo femenino ha sido una constante por ejemplo en el cine de Pedro Almodóvar. A pesar de que mediáticamente se le ha asignado la etiqueta de director que entiende bien a las mujeres, yo diría más bien que es uno de esos hombres que más bien sabe poco de ellas. O, peor aún, que solo cuenta los personajes que su mente de sujeto protagonista es capaz de articular sobre la base de esos múltiples cautiverios que, siglo tras siglo, han servido para definir la identidad femenina. De ahí que no creo que sea exagerado hablar de una cierta misoginia en el pulso de unos creadores que solo son capaces de dibujar el arquetipo con el que sueña su mente androcéntrica. Unos arquetipos que, afortunadamente, poco tienen que ver con las mujeres que hoy se rebelan contra las ataduras con las que el patriarca las redujo a objetos disponibles.

Pedro Almodóvar o, mejor dicho, su visión de las mujeres, tiene un digno sucesor en Carlos Vermut

Pedro Almodóvar o, mejor dicho, su visión de las mujeres, tiene un digno sucesor en Carlos Vermut. Su recién estrenada Quién te cantará, impecable desde el punto de vista formal, sugerente aunque tal vez demasiado ensimismada, es una de esas historias de mujeres en las que tan fácil resulta descubrir la mano de un sujeto varón que no las entiende sino que construye los personajes que él como hombre imagina. No sé si incluso los que a él les gustaría ser (en la revista Fotogramas el propio Vermut Declaraba que durante el rodaje le gustaba acabar vestido como Lila Cassens, el personaje central de su película). Con unas actrices que, al igual que sucede en el cine de Almodóvar, brillan al tratar de encarnar a unos personajes a los que parece tan complicado dotar de vida, el director de Magical girl concentra en apenas dos horas todos los esquemas mediante los que el patriarca ha definido siempre la subjetividad femenina. El absoluto y omnipotente protagonismo de ellas –insisto, unas deslumbrantes Najwa Nimri, Carme Elías, Natalia de Molina y, sobre todo, una enorme Eva Llorach-, no nos ofrece el relato de unas mujeres autónomas, decididas, capaces de manejar las riendas de su vida, medianamente felices y con el poderío que a estas alturas del siglo XXI nadie, o casi nadie, les negaría.

Incluso al ser mujeres "sin hombres" podríamos pensar que son dueñas de su destino. Al contrario, Vermut, como el "mejor" Almodóvar, nos ofrece unas mujeres sufridoras, marcadas por pasados terribles, angustiadas por un sentimiento de culpa que las paraliza, absolutamente dominadas por unas emociones que las convierten en marionetas. Es decir, mujeres dependientes, enfermizas, histéricas en algún caso, con tendencias suicidas, solitarias y raras. Y para que no falte ningún ingrediente propio del jerarca que mira, la maternidad. Entendida, eso sí, desde el estereotipo de la mala madre, o desde la crueldad de la mala hija. Siempre como una carga que acaba condicionando las posibilidades de felicidad de unas mujeres que parecen condenadas a no tener alas. Las que se meten en el mar dejando unos zapatos de tacón en la orilla.

Necesitamos a mujeres construyendo imaginarios y cuánto nos queda por aprender a unos hombres que seguimos condicionados por los cuentos que siempre nos contaron

Vista la película, entiendo mucho mejor lo que Carlos Vermut declaraba hace unos días: "No voy a decir si soy feminista o no porque hay muchos hombres que lo usan como coartada moral". Se le agradece la honestidad porque su Quién te cantará nos revela no sé si su ausencia de mirada feminista pero sí, como mínimo, su concepción estereotipada sobre lo que viven y sienten las mujeres. Por si había alguna duda, el mismo Vermut lo dejaba claro en la entrevista apuntada: "Yo hablo de mujeres, pero más allá de mujeres, de personas. Aunque la película, por el contexto social en el que vivimos, sea importante por el hecho de que son cuatro mujeres, te mentiría si dijese que lo he hecho con esa intención. Ni siquiera se aborda desde una perspectiva de género."

La historia de Lila Cassens, la cantante de éxito que pierde la memoria, y la de Violeta, la admiradora que pone en entredicho que la diva sea única, es todo un enredo melodramático con el que el director monta un espectáculo lleno de momentos brillantes, de músicas sugerentes y de interpretaciones que pide a gritos un Goya. Es un lujo además que en nuestro cine las actrices de todas las edades –ahí está para demostrarlo la espléndida Carme Elías dándole alma a un personaje que parece no tenerla– tenga las mismas oportunidades que sus colegas varones. Pero todo ello no implica necesariamente que lo que se nos cuenta en la pantalla sea justamente el relato que tradicionalmente no se ha hecho visible. Por el contrario, películas como Quién te cantará nos demuestran cuánto necesitamos a mujeres construyendo imaginarios y cuánto nos queda por aprender a unos hombres que seguimos condicionados por los cuentos que siempre nos contaron y en los que nosotros siempre, aún sin aparecer en escena, éramos/somos los vencedores.

Este post se publicó originalmente en el blog del autor.

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