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23/07/2015 07:05 CEST | Actualizado 22/07/2016 11:12 CEST

No es la Cuba de tu abuela: un nuevo día en el Caribe

cuban flag La transición cubana no será sencilla, pero la posibilidad de éxito aumenta exponencialmente si los Estados Unidos se ponen del lado del gran grupo de países que ya apoyan la transición de Cuba a través de compromisos constructivos, en vez de embargos.

Han cambiado muchas cosas desde que Fidel Castro llegara a Cuba por primera vez a bordo del yate Granma en 1956.

El 20 de julio de 2015, Cuba y Estados Unidos reabrieron sus embajadas en Washington y La Habana por primera vez en décadas, dando un paso crucial en dirección a la normalización de las relaciones. Aun así, aunque mucha de la atención se dirija al desarrollo de sus relaciones internacionales, quizás los cambios más decisivos para Cuba se produzcan en el ámbito doméstico.

Tullida a causa del embargo comercial de EEUU desde la década de 1960, la poco competitiva y centralizada economía cubana ha recibido durante mucho tiempo el apoyo de una serie "papás adinerados", desde la Rusia soviética hasta la Venezuela chavista.

Pero la ayuda soviética se desmoronó junto con el Muro de Berlín y Caracas se está quedando sin recursos. Es posible que La Habana no esté preparada para rendirse en sus aspiraciones revolucionarias, pero no puede permitirse mantener el statu quo.

En esta isla conocida por su obstinación, algo habrá que ceder.

Mira los vídeos de 'La Encrucijada de Cuba, Parte 1: La encrucijada cubana'

Aunque muchos cubanos dan la bienvenida al cambio, cualquier tipo de transición conlleva un número de retos abrumadores. ¿Puede Cuba liberalizar su comercio sin invitar a la enorme desigualdad endémica de Latinoamérica? ¿Y puede el Estado renunciar al poder absoluto sin sacrificar la gratuidad y la gran calidad de los servicios públicos?

Desde que Raúl Castro asumiera el poder de su hermano Fidel en 2006, ha orientado cuidadosamente a Cuba hacia una economía más basada en el mercado. La liberalización parcial de la empresa privada, de las propiedades del Estado y de la inversión extranjera directa, son indicadores de una economía en transición.

Cuba también ha tomado medidas calculadas en el ámbito político, tal y como evidencia la normalización diplomática con los EEUU. Raúl Castro ha indicado que se retirará al finalizar su mandato actual en 2018 y cederá la Presidencia al vicepresidente Miguel Díaz-Canel, de 55 años.

Esta transferencia de poderes a dedo se aleja bastante de una democracia verdadera, pero es representativa de una transición más amplia de los envejecidos revolucionarios cubanos a una nueva guardia de líderes más jóvenes, de la misma ideología pero centrados en la reforma.

Se han producido indicios de que el partido estaría dispuesto a, muy lentamente, reducir su control sobre el poder político. El Gobierno cubano tolera cierto nivel de activismo político. Por ejemplo, en las últimas elecciones municipales, en abril, el Gobierno permitió que dos candidatos ajenos al partido se presentaran a la candidatura.

También se permite algo de activismo en Internet: blogueros como Harold Cárdenas Lema, de Cuba Joven, y Yoani Sánchez, de 14ymedio, han puesto en duda abiertamente a la gobernancia cubana, aunque desde diferentes perspectivas. Sin embargo, la limitación de Internet en la isla restringe significativamente el número de cubanos que tienen acceso a estos blogs.

Por supuesto, la exhibición pública de disensión -entre otras muchas formas de expresión- sigue estando firmemente prohibida.

Aun con todo, algo está cambiando. Las reformas de Raúl han sido lentas y vacilantes, pero son probablemente irreversibles. Cuba está experimentando una transición de forma clara. Pero, ¿una transición hacia qué? ¿Cuál es el resultado final?

Mira 'La Encrucijada de Cuba, Parte 2: La Economía'

La economía de Cuba: más dinero, nuevos problemas

El problema económico fundamental en Cuba es una falta de productividad, particularmente de un sector público abotargado. Como solución, el Gobierno ha implementado reformas orientadas a desgajar trabajos de los puestos públicos, con la esperanza de que las personas irán uniéndose a un sector privado todavía inconcluso.

En los centros agrícolas, por ejemplo, el Gobierno ha garantizado a los agricultores un control creciente sobre aquello que cosechan y sobre dónde venden su producto. Aunque aún deben entregar un porcentaje mayoritario de su producción al Gobierno, ahora también pueden vender lo sobrante a precio de mercado.

Más recientemente, los cuentapropistas [personas que, sin ser comerciantes o profesionales, viven de su propio negocio] han creado oportunidades en las ciudades para la empresa privada y las cooperativas no agrícolas; desde barberías a reparadores de neumáticos, pasando por algunos tipos de artesanía y tiendas de souvenirs.

El Gobierno cubano parece cómodo con este tipo de operaciones privadas y con los empresarios informando de sus actividades generalmente sin trabas. En todo caso, algunos propietarios de empresas privadas reclaman que sus impuestos producen un flujo de ingresos importante para el Gobierno.

Pero, con una economía del siglo XXI, llegan problemas del siglo XXI. Una preocupación fundamental con las reformas económicas de Cuba es que no todos los cubanos puedan aprovecharse de ellas, y algunos temen que puedan ahondar en la desigualdad.

La productividad se resiente tras décadas de falta de inversión en infraestructura, equipamiento y maquinaria. Esta desatención no es sorprendente, dada la hostilidad del Gobierno hacia grandes empresas privadas, así como su propia falta de financiación. La inversión y el crédito extranjeros directos se ven también constreñidos por el embargo de EEUU.

Con opciones crediticias limitadas, reunir el capital inicial para un negocio privado es difícil para aquellos sin acceso a remesas o a ingresos por turismo. La comunidad afrocubana, por ejemplo, carece especialmente de este acceso.

Otro factor de distorsión en la economía de Cuba es el complicado sistema monetario dual. Actualmente en Cuba, se comercia con dos tipos de moneda, y una de ellas tiene un valor significativamente mayor que la otra.

El Peso Convertible (CUC), usado por ejemplo en la industria turística, tiene más valor que el dólar. El Peso Nacional (CUP), la moneda de los salarios estatales, vale aproximadamente cuatro céntimos.

El resultado es una creciente brecha entre aquellos que cobran en CUC y los que lo hacen en CUP. Vista la disparidad de mercado, el paseo de un turista en taxi por la ciudad puede sumar tanto como lo que gana un funcionario en dos semanas. Este hecho incentiva a los cubanos a sumergirse en cualquier actividad que aumente su caja con flujo de moneda convertible, sin importar la productividad.

La Habana confía en unificar los regímenes en los meses venideros, pero esto no reduciría la brecha entre aquellos con acceso a ingresos del turismo y a remesas, y aquellos con sueldos estatales.

Mira 'La encrucijada de Cuba, Parte 3: El modelo cubano y los EEUU'

Las relaciones diplomáticas son sólo un comienzo

La complicada transición interna de Cuba requiere mucho más apoyo que el mero cambio de título a un edificio en el Malecón, de "Sección de Intereses de los EEUU" a "Embajada de EEUU".

Incluir a Cuba en el sistema financiero mundial, y permitir que la isla sea miembro de instituciones de desarrollo como el Banco Mundial o el Banco Interamericano de Desarrollo, supondría un paso importante para comenzar a cerrar el déficit de inversión.

Además, dada la experiencia de las organizaciones con economías en transición, podría ayudar al país con las reformas estructurales e institucionales, al mismo tiempo que mantienen en jaque la pobreza y la desigualdad.

Dichas relaciones multilaterales serían un comienzo importante, pero EEUU también podría desempeñar un papel crítico para ayudar a la economía cubana a través de este periodo.

Ninguna política de Washington podría ayudar más a los cubanos -y debilitar de forma más efectiva al sector más firme de La Habana- que poner fin al largo embargo comercial que EEUU ha impuesto contra la isla. El Congreso estadounidense mantiene el embargo económico supuestamente como castigo por las violaciones de los derechos humanos del gobierno civil contra el pueblo cubano.

La ironía es que el pueblo cubano es el que se ve más duramente castigado por esta política.

La transición cubana no será sencilla y tampoco sucederá de la noche a la mañana. No obstante, la posibilidad de éxito aumenta exponencialmente si los Estados Unidos se ponen del lado del gran grupo de países que ya apoyan la transición de Cuba a través de compromisos constructivos en vez de embargos.

La encrucijada prorrogada: Otaviano Canuto habla con Samuel George sobre la Transición de Cuba

Otaviano Canuto es director ejecutivo del Fondo Monetario Internacional. Todas las opiniones expresadas aquí son personales y no representan las del FMI o las de los gobiernos que él representa en el consejo del FMI.

Samuel George es el director de Proyectos de la Fundación Bertelsmann en Latinoamérica, autor de 'The Pacific Pumas', y creador de la serie de vídeos de 'The Crossroads'.

Cornelius Fleischhaker es un profesional junior asociado al Banco Mundial y coautor de 'Five Steps to Kickstart Brazil'. Todas las opiniones expresadas aquí son personales del autor y no reflejan necesariamente las del Banco Mundial.

NOTA: Los vídeos en este texto son un proyecto de Samuel George y de la Fundación Bertelsmann, y no reflejan las opiniones de los coautores Otaviano Canuto, Cornelius Fleischhaker, o sus instituciones.

Este post fue publicado originalmente en la edición estadounidense de 'The WorldPost' y ha sido traducido del inglés por Diego Jurado Moruno

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