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19/09/2018 07:11 CEST | Actualizado 19/09/2018 07:11 CEST

La inocencia y los abismos

PIXABAY

Dos años después de su deslumbrante colección de relatos, Mala letra, y de unos cuantos otros publicados en diversos medios (es justo destacar Escarabajos, aparecido en el libro Tríos: también en Anagrama, también deslumbrante, también transitando por filos peligrosos), Sara Mesa regresa a la novela, con el turbador recuerdo de la anterior, Cicatriz, aún presente. Y lo hace con una novela, Cara de pan (Anagrama) en apariencia -en apariencia, insisto- sencilla. Dos personajes. Un viejo y una adolescente. Y un parque casi como único escenario. Una relación extraña, inusual, inquietante. La narración mantiene siempre ese tono de inquietud: ¿Qué sucederá? ¿Cuáles son las intenciones de uno y de otra? ¿Se sobrepasarán determinados límites? ¿Quién observa? ¿Quién vigila? ¿Quién escucha? ¿Cómo se desata la furia en los otros?

Nos hacemos estas preguntas según vamos conociendo detalles del pasado del viejo, las razones por las que la adolescente acude a este parque, los descubrimientos sobre sus respectivas vidas y algunos oscuros y terribles secretos. Lo imprevisible que puede romper la placidez de los días: su rutina, su monotonía, su aparente normalidad: ¿Dónde está realmente la normalidad, lo que se considera normal? La calma que parece envolverlo todo, momentáneamente. La calma precede a la tormenta. Y la tormenta, de pronto, tan previsible como en esos días de verano donde la humedad se enreda en el calor hasta que el ambiente se vuelve asfixiante, duro, casi irrespirable. Y todo estalla.

No hay una sola verdad, y todo se vuelve todavía más confuso. No sabemos cuál de los dos -la adolescente o el viejo- es más inocente

Sara Mesa se mueve con extraordinaria soltura por esos territorios frágiles que parecen escaparse de la norma (a vueltas con la normalidad). Escribe sobre las verdades, las medias verdades, y las mentiras. A veces, ella, la adolescente, todo lo embarulla. Y eso da pie a la duda, a la confusión. Y hace que los planteamientos, vistos desde fuera, sean dos. No hay una sola verdad, y todo se vuelve todavía más confuso. No sabemos cuál de los dos -la adolescente o el viejo- es más inocente. Cuál es el inocente. Habrá que llegar hasta el final, y aun así...

Magnífica novela sobre el desarraigo, la diferencia, el temblor, las sospechas sobre la inocencia y los abismos. Novela, por cierto, que podría adaptarse perfectamente al teatro. Y, de fondo, la música de Nina Simone, tan presente en esta historia.

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