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29/05/2018 07:30 CEST | Actualizado 29/05/2018 07:34 CEST

Laura Freixas, sin máscaras

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Escribir, en palabras de Truman Capote, es algo así como subir a las nubes, rebuscar por allí y bajar con algo decente entre las manos. Marguerite Duras dijo: Escribir es aullar sin ruido. Escribir es una tarea complicada (maravillosa también, todo hay que decirlo). Y no sólo es complicada por el hecho en sí (el oficio, las correcciones, la lucha contra numerosos fantasmas...), sino por todo lo que hay detrás. La búsqueda de editorial para esos escritos (antes y ahora) y los temas económicos no son las únicas trabas, aunque sí podrían ser las principales. No es fácil todo ese mundillo que se arremolina en torno a la literatura, una vez que has terminado de contar lo que necesitabas.

Laura Freixas lo sabe bien y así lo narraba en su anterior diario, 'Una vida subterránea'. De ese libro, en primicia, la actriz Rossy de Palma leyó varios fragmentos en un encuentro literario celebrado en Oviedo, pocos días antes de que el libro llegase a las librerías, con presencia de la propia escritora.

Mientras la actriz leía las páginas que contaban las vivencias de Laura Freixas, ante un público numeroso y expectante, la escritora parecía sentir cierto rubor al escuchar lo que había escrito. Normal. Sus pensamientos y vivencias, tan íntimos, estaban siendo expuestos por primera vez. Hay que decir que, una vez que Rossy de Palma terminó de leer aquellos párrafos, se rompió el silencio con un largo y sonoro aplauso por parte del público. Había gustado, y mucho.

En esta nueva entrega va un paso más allá. O más bien: continúa su camino por la senda de la literatura y de la propia vida

En aquella entrega de sus diarios, Freixas mostraba toda la naturalidad y la inocencia de quien empieza en este oficio. En esta nueva entrega que ahora presenta, 'Todos llevan máscara', va un paso más allá. O más bien: continúa su camino por la senda de la literatura y de la propia vida. Y ahí va encontrando las dificultades que en ningún momento trata de ocultar o enmascarar. Los demás pueden llevar máscara, como apunta su acertado título (ya lo era el de la anterior entrega), pero ella no. Ella exhibe sus miedos, sus gozos, sus frustraciones, sus alegrías... Y lo hace sin tapujos, sin temores. A cara descubierta. A cuerpo descubierto. Con el corazón en la mano. Estas son las cuestiones, señoras y señores, y aquí, abiertamente, las expongo, parece decirnos. El camino no es fácil (nadie dijo que lo fuera), está lleno de escollos, y lo mejor (lo más sincero, lo más natural, lo que procede) es contarlo. Hacerlo como si respirase. Y digo respirase, y digo bien, porque cada latido de vida (de miedo, de gozo, de frustración, de alegría...) está presente en sus páginas. Es implacable con lo que se va encontrando y no le gusta, pero también lo es, implacable, consigo misma. A cara descubierta. A cuerpo descubierto. Valiente. Sin máscaras. Una vez más.

Lectora voraz y exigente (como deja constancia en el diario), escritora comprometida y crítica con la injusta situación de desigualdad que padecen las mujeres en todos los rincones del planeta, Freixas compone con estos diarios (junto a 'Adolescencia en Barcelona hacia 1970' y la novela 'Los otros son más felices', de próxima reedición en la exquisita editorial Tres Hermanas) lo mejor de su producción literaria hasta la fecha.

Esperamos con ganas una nueva entrega de las andanzas de esta mujer que, observándose a sí misma, observa el mundo y nos lo cuenta con detalle, crudeza o ternura (ah, la maternidad y sus variadas lecturas). También, tengo que apuntarlo, esperamos con las mismas ganas una nueva novela.

La perseverancia suele traer buenos frutos. Laura Freixas es un buen ejemplo de ello. Sin máscaras, naturalmente.

'Una vida subterránea' y 'Todos llevan máscara' están publicados por Errata Naturae.

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