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01/08/2013 07:23 CEST | Actualizado 30/09/2013 11:12 CEST

Estrategias naturales para frenar a los violentos y déspotas

Los machos de gorila controlan a todas las hembras mediante la dominancia que ejercen sobre ellas. De esta manera se aseguran de que todos los hijos que nacerán son suyos. Pero las hembras tienen sus métodos para escapar del despotismo del macho y copular con otros que desean.

Uno de los temas que más me apasionan del comportamiento animal es la forma en que para cada estrategia existe otra que la contrarresta o frena sus excesos. Por ejemplo, los machos de gorila controlan a todas las hembras mediante la dominancia que ejercen sobre ellas. De esta manera se aseguran de que todos los hijos que nacerán son suyos. Pero las hembras tienen sus métodos para escapar del despotismo del macho y copular con otros que desean.

Uno de los métodos más empleados es el engaño. Se ha observado en varias ocasiones cómo una hembra de gorila se esconde detrás de una piedra, asomando la cabeza para que el macho dominante creyera que estaba bajo control, cuando lo que realmente pasaba es que estaba copulando con otro macho. Otra fórmula consiste en escapar del grupo por la noche y abandonarlo para pasar a formar parte de otro. Se cree que los criterios para emigrar que usan las hembras para elegir son la mayor seguridad y juventud que le pueden proporcionar un macho nuevo.

En varias especies de primates donde las hembras solo están receptivas sexualmente unas pocas semanas al año, puede ocurrir que copulen con varios machos en la época de celo. A veces algunos machos muy dominantes presionan a las hembras a copular con ellos. Lo que se ha descubierto recientemente es que las hembras detectan cuáles son los días exactos en los que son fértiles. Debido a que el esperma no se mantiene activo más allá de un par de días dentro del útero, la mayoría de los encuentros sexuales que ocurren en el periodo receptivo no terminan fecundando el óvulo. Lo interesante es que en los 2-3 días de fertilidad real, las hembras copulan con los que ellas desean realmente. De esta manera, ejercen un control sobre la paternidad de la descendencia y se aseguran de que es el padre que quieren para su descendencia.

En los grupos de chimpancés, algunos machos pueden llegar a ser muy violentos con las hembras. El colectivo al completo puede ser víctima de la inestabilidad que provocan. En estas situaciones, las hembras y las crías son los miembros más vulnerables. Para contrarrestar esta amenaza, las hembras suelen aliarse entre sí y forman una coalición en contra de los agresivos, evitando así salir perjudicadas.

Este fenómeno siempre me sorprendió con el paralelismo que tiene con los casos más graves de violencia de género. El agresor, antes de comenzar con el maltrato, trata de aislar a la víctima de su red social: familiares, amigos y compañeros de trabajo. De esta manera, rompe las alianzas que la mujer posee con otras personas y que podrían acudir en su ayuda, como en el caso de las hembras de chimpancé. La lección que podemos extraer de estos datos es clara. Hay que fomentar las alianzas que forman parte de las redes de mujeres y otros colectivos desfavorecidos. Es la mejor garantía para que no se abuse de ellos.

Lo interesante de este punto de vista sobre la naturaleza es que tiene en cuenta las contraestrategias de los más débiles. Esto nos proporciona ideas para combatir el autoritarismo y agresividad de algunos individuos o grupos. La visión clásica ofrece una visión más desesperada de los que se encuentran en peor situación: indefensión, víctima, etc. Pero a la luz de la observación de la conducta animal, nos damos cuenta, que al igual que en humanos, existe un margen de libertad para todos, por muy pequeño que sea este, que debemos aprovechar para no permitir que se abuse de ninguna persona o colectivo.