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08/06/2012 11:02 CEST | Actualizado 07/08/2012 11:12 CEST

Refundar Europa, renovar el contrato social

Estos días oímos que hay que "ceder" soberanía para reorganizar Europa. No estoy de acuerdo. La cuestión actual no es si hemos cedido o debemos ceder soberanía: es que nos la han arrebatado.

Somos conscientes de los momentos difíciles que estamos viviendo todos, en Euskadi, en España y en Europa. Pero, además, estamos asistiendo a un proceso de cambio y transformación. En el inicio de este nuevo siglo estamos definiendo, aunque no seamos conscientes del todo, el modelo europeo que regirá la vida de la siguiente generación.

El modelo de la ambigüedad europea ya no es sostenible; ha llegado la hora de decidir: Europa sí o Europa no. Y yo apuesto por el sí. Debemos refundar políticamente Europa con nuevo impulso, porque en la última década hemos mantenido una Europa imposible: Queríamos la unión, pero no del todo; queríamos un Gobierno de Europa, pero manteniendo intactos los gobiernos nacionales; queríamos el euro, pero sin unas políticas económica, fiscal y de deuda pública conjuntas.

Queríamos un imposible, y la realidad nos ha explotado en las manos. Hoy no tenemos un Gobierno de Europa, pero los gobiernos nacionales han sido sometidos a decisiones no democráticas. Por ello defiendo la necesidad de refundar Europa como una institución política democrática y representativa.

Estos días oímos que hay que "ceder" soberanía para reorganizar Europa. No estoy de acuerdo. La cuestión actual no es si hemos cedido o debemos ceder soberanía: es que nos la han arrebatado por la fuerza de los hechos.

Yo no quiero una Europa en la que la ciudadanía y sus gobiernos representativos cedan soberanía (¿a quién?, ¿a la burocracia comunitaria?). Lo que yo planteo es "compartir" soberanía. Terminar con la ficción de una aparente soberanía formal, que ha dejado de existir en esta crisis, para realmente hacer de la Unión una institución democrática, representativa y compartida.

Por tanto, no se trata de ceder sino de compartir. Compartir con todas las consecuencias. Compartir a la hora de asumir de forma solidaria los acuerdos de todos y compartir a la hora de tener voz real en las decisiones colectivas de la Unión. Yo quiero un Gobierno europeo que represente a los ciudadanos, y no uno que sirva de velo para ocultar a los poderes sin rostro que hoy nos quieren gobernar.

En tiempos de zozobra, siempre está la tentación del "sálvese quien pueda". Existe la tentación de creer que solos nos irá mejor. Todos pensamos que alguien está peor que nosotros y puede ser una carga: el Norte europeo respecto al Sur, Alemania respecto a los demás, los nacionalistas vascos o catalanes respecto al resto de España, y todos respecto a Grecia.

Es un espejismo pensar que cada uno puede salir adelante solo. En la nueva modernidad del siglo XXI todo influye en todo. Las fronteras son defensas imaginarias que están hechas de humo y que sólo fomentan la insolidaridad; entre países y entre personas.

O salimos juntos, o no vamos a salir. Ésta es la realidad que tenemos que afrontar. Tenemos que hacer frente a las crisis juntos, con esfuerzos compartidos, sin ventajismos cortoplacistas, reforzando la solidaridad entre personas y entre países. Porque la solidaridad en tiempos de crisis, no sólo es una cuestión de justicia, es también una cuestión práctica. Sí, la solidaridad es un buen negocio para el conjunto de la ciudadanía de Europa. Bueno, no para todos: no lo es para los especuladores y los que buscan beneficios en la ruina colectiva.

Hay una forma diferente de hacer frente a la crisis. La vía seguida estos tres últimos años nos lleva a todos a la catástrofe. Las políticas europeas frente a la crisis deben ser conjuntas y, sobre todo, deben ser económicas. Las políticas impuestas en Europa por los gobiernos de derechas se han olvidado de la economía, de la economía real: de las empresas, de los trabajadores. Han tenido como objetivo único reducir la deuda y ayudar a las entidades financieras, proponiendo, de matute, una opción ideológica: el recorte de servicios públicos.

Yo no planteo renunciar a la austeridad (la paradoja está en que los grandes agujeros de España los han hecho los gobiernos de derecha). Todo lo contrario: la austeridad es más necesaria que nunca. Y tampoco propugno que nos olvidemos de las entidades financieras. Sin un buen sistema financiero solvente y transparente, la economía moderna no es posible.

Pero sólo con recortes y financiación sin condiciones a la banca no vamos a salir de la crisis. Por eso la pregunta de si "está usted de acuerdo en sanear la banca" propone un dilema falso. Es una pregunta con trampa. Estoy de acuerdo en sanear la banca si a la vez ayudamos a la economía; si ponemos en marcha políticas de crecimiento que garanticen progreso futuro.

Y si se empeñan a volver a hacer la misma pregunta, pero añadiendo que la opción de sanear la banca conlleva desatender a la economía real y los servicios públicos que garantizan la igualdad ciudadana, a lo mejor tenemos que decir, con claridad, que no. Que no estoy de acuerdo con esa fórmula, porque así no vamos a salir de la crisis.

Termino reivindicando la renovación del contrato social en Europa. Porque lo que nos estamos jugando no es sólo el modelo político europeo; nos estamos jugando sobre todo el modelo social europeo.

Las dos cosas están más interrelacionadas de lo que pueda parecer. En Europa hemos vivido desde la Segunda Guerra Mundial (en nuestro caso, con el largo paréntesis de la dictadura) un modelo social propio, basado en los valores de la libertad y la igualdad de oportunidades. Un modelo social asentado en la redistribución de la riqueza y la solidaridad ciudadana. Un modelo social que ha sido el mayor éxito de bienestar colectivo en Europa en toda su historia.

Y hemos tenido así mismo un modelo político que ha entendido la economía como un bien público y una tarea colectiva.

Pero el modelo socialdemócrata europeo ha sido también, y sobre todo, un modelo ético. Una propuesta de sociedad decente que nos ha dado cohesión, progreso y paz social.

Hoy ese modelo está en riesgo. La brecha entre los que más tienen y los que tienen poco o nada cada vez se está haciendo mayor. Vamos a tener que rescatar palabras olvidadas de comienzos del siglo pasado: el "problema social" se está haciendo de nuevo presente. Un tercio de la población europea se está sumiendo en la marginación y en la pobreza.

Éstas son las cosas que nos estamos jugando en la actualidad. La crisis no puede hacernos olvidar que la forma de plantearnos su salida está definiendo el futuro colectivo de los europeos.

Por eso, yo planteo más Europa democrática, más economía y progreso. Y renovar la propuesta de una sociedad decente y solidaria con un gran acuerdo de la ciudadanía europea y sus gobiernos representativos.

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