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26/12/2018 07:21 CET | Actualizado 26/12/2018 07:21 CET

El otro

Pepe Vera

Siempre se ha llevado el conflicto hacia la única encrucijada sin salida, la existencia de uno en la negación del otro. Expresar un sentimiento, idea o pensamiento en libertad deja de ser un valor democrático si choca con el sentimiento, idea o pensamiento del otro. Solo puedo ser yo si no eres tú.

La confrontación como respuesta para los continuos encuentros por ambas partes es el fracaso de los políticos, pero no necesariamente de la política. Existen otras políticas, estoy seguro.

Si se aceptan partidos políticos con estas ideas dentro de la Constitución, pedir la independencia es absolutamente legítimo.

Respetar una idea no conlleva compartirla. Pero compartir no es mala manera de empezar a respetar. Si se acepta que exista el independentismo como una libre idea democrática no es extraño pensar que los independentistas pidan la independencia. Pero la imposición de esta idea no puede ser aplicada por una minoría o por una pequeña mayoría. Imponer no es respetar ni compartir, es la negación del otro.

Si se aceptan partidos políticos con estas ideas dentro de la Constitución, pedir la independencia es absolutamente legítimo. Tanto como no pedirla, puesto que si el tablero es democrático los "no-independentistas" también están legitimados. Hay que dejar los conceptos de "anti-independentistas" y "anti-soberanistas" y pensar que se puede convivir con el otro sin ser el otro, sin amputaciones o extirpaciones.

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