BLOGS
26/01/2018 07:32 CET | Actualizado 26/01/2018 07:32 CET

¿Receta para progresar? La de siempre: agitación y propaganda

Getty Images

Hay quienes, sin negar (aunque casi) que el fascismo acabó, aseguran que no fue por la lucha antifranquista sino porque unos señores estupendos nos trajeron la democracia: el rey tan campechano, Suárez tan listo, Carrillo tan zorro, Guerra tan astuto. Pero evitan preguntar ¿por qué lo hicieron?

Como dije en mi libro No quise bailar lo que tocaban, la democracia no llegó porque Juan Carlos, un buen día, pensara: "¡Qué estupendo ser monarca constitucional!". Ni llegó por la súbita conversión de Fraga o de Suárez. Los franquistas buscaron una alternativa a su régimen porque la situación se les escapaba de las manos.

Ya sabemos que capitalismo y dictadura son perfectamente compatibles. Mírese China. ¿Los herederos del franquismo eran más "bondadosos" que los de Mao? No ¿o es que hemos olvidado los fusilamientos aprobados por el Consejo de Ministros solo unos pocos meses antes? Pero los herederos de Franco se enfrentaban a una población en progresivo estado levantisco a la que ya no frenaban con sanciones, cárceles ni asesinatos. Y esa rebeldía creciente perjudicaba gravemente sus negocios. Tuvieron, pues que buscar una salida. ¿Y con quiénes negociaron? Pues con la izquierda con la que podía entenderse y pactar (PSOE y PCE).

En los finales del franquismo se hicieron más huelgas, asambleas y manifestaciones (todas prohibidas) que en cualquier otro país donde eran legales

Pero los abocamos a ello las miles de personas que agitamos de diferentes modos y con diferentes estrategias durante más de una década (las primeras luchas de mineros en Asturias son del 62) hasta conseguir que, en los finales del franquismo, se hicieran más huelgas, asambleas y manifestaciones (todas prohibidas) que en cualquier otro país donde eran legales y, sobre todo, que la mayoría de la población quisiera un cambio democrático.

Esa realidad fue la que les hizo plantearse que si se gripaban y agarrotaban, corrían peligro de que la situación escapara a su control. Sus alternativas eran: armar otra guerra, perder el poder o transformar la dictadura en democracia. Optaron, en una suerte de "voladura controlada", por la tercera opción.

No niego que influyeran otros factores: el hecho de que estuviésemos en Europa y no en el Kurdistán, por ejemplo; el hecho de que al gran capital no le salía a cuenta volver a destruir el país. Pero si no hubiera existido una oposición brotando por todos los rincones, hubiésemos seguido en dictadura.

¿Qué la transición se quedó muy lejos de los ideales de algunos? Por supuesto. ¿Qué a muchos nos hubiera gustado conseguir una democracia más avanzada y con menos componendas? Cierto. Por no hablar ya de quienes, como yo, teníamos como horizonte utópico acabar con el capitalismo.

Pero la correlación de fuerzas fue la que fue. Y ya está bien de lamentarse y ya está bien de agitar las carencias de aquella época como un trapajo que justifique nuestras carencias actuales.

Miremos al pasado pero para sacar lecciones ¿cómo conseguimos acabar con el fascismo? No fue con grandes actos heroicos (aunque el precio que te hacían pagar si te detenían era elevado) sino vendiendo cuatro ejemplares de un periódico, tirando cien panfletillos... Perseverando. Y luego, a medida que abríamos grietas, yendo a más: haciendo una manifestación (en fin, intentándolo), montando huelgas, convocando a un recital de poesía, aprovechando cualquier resquicio para sembrar rebeldía. Y así durante años. Hasta que ya, bien entrados los setenta, empezó a cambiar la correlación mental de fuerzas. Entonces todo fue muy rápido... La bola de nieve.

Las luchas feministas han seguido también y siempre el mismo patrón de tenacidad y agitación. El #Metoo no ha brotado como un champiñón de la noche a la mañana

Las luchas feministas han seguido también y siempre el mismo patrón de tenacidad y agitación. El voto femenino, que tan evidente nos parece hoy, costó años de duras batallas. ¿Y qué está pasando ahora? El Metoo no ha brotado como un champiñón de la noche a la mañana. Eso creen algunos, pero no. Si ahora se están desbordando ciertos vasos es porque llevamos años y años llenándolos gota a gota.

Desde los setenta, las feministas han agitado su entorno: escribiendo, montando asociaciones, organizando encuentros, cursos, sesiones de cine, conferencias, debates, meriendas... Miles de voces han estado "contándoselo" a sus primas, hermanas, vecinas, amigas, colegas... Sí, muchas gotas hasta conseguir que el vaso desborde (que desborde un vaso o dos, pues quedan otros muchos, no nos pasemos de optimistas).

Las dinámicas de cambio son esas. ¿Cree la izquierda que las elecciones se ganan en las elecciones? Puede que en parte. Pero, para la izquierda, en parte ínfima. Las ideas innovadoras, solo se abren paso rompiendo las inercias de "quietos, paraos, todos tumbados en el sofá". La izquierda no puede ganar en la indolencia. Solo gana con militancia y perseverancia. Con gente agitando, cada cual a su escala, gente que no se calla, gente dando la vara en su entorno hasta conseguir que otros salgan de la apatía. Pero parece como si la izquierda lo hubiera olvidado.

Hoy, la pregunta que debemos hacernos es la de siempre: ¿Cómo agitar, hablar, argumentar, explicar, convencer a quienes siguen votando a la derecha (sin que objetivamente sus políticas les beneficien)?. Y debemos hacerlo a partir de lo que hay: gentes abducidas por múltiples y variadas pantallas. Esos son los condicionantes. Cada época tiene los suyos. Cierto que en tiempos de franquismo no existían esos "sumideros mentales". Pero existían otras barreras ¿olvidamos el férreo control de prensa, radio, televisión, libros, universidad, ámbitos laborales, etc.?

Para cambiar la realidad la izquierda necesita, primero y como condición sine qua non, hacer desbordar muchos vasos

Para cambiar la realidad hay que tener poder en los ayuntamientos, en las instituciones, en el parlamento, sí, pero para llegar a esas instancias de poder, la izquierda necesita, primero y como condición sine qua non, hacer desbordar muchos vasos. Muchos. limitándonos a la confrontación electoral, siempre ganará Rajoy frente a Garzón (estos nombres son solo simbólicos). ¿La única salida? que mucha gente se empeñe en convencer a muchísima más gente de que otro mundo es deseable y posible.

Yo ya no creo en La Revolución súbita. No creo que un buen día nos levantamos y tomamos el palacio de invierno. Pero sí creo en los procesos revolucionarios, sí creo que podemos ir conquistando palmo a palmo ese palacio. Creo que solo así avanza la humanidad (y tal como tenemos el planeta, yo diría que solo así lo -y nos- salvaremos).

NOTICIA PATROCINADA