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07/03/2018 19:01 CET | Actualizado 07/03/2018 19:03 CET

Así se ve la huelga de mujeres en un mercado

EL HUFF POST

Hemos cambiado los pasillos del Congreso de los Diputados por los del Mercado de Maravillas, en el barrio de Cuatro Caminos (Madrid), uno de los más populares y bulliciosos.

Buscamos respuestas sinceras para darnos un baño de realidad, al margen del lenguaje de madera de las diputadas y diputados. Hablamos con gente de la calle, ajena a la politización de la huelga y la manifestación del 8 de marzo, Día de la Mujer.

Nada más entrar al mercado, a las 11 de la mañana, dos señoras mayores descansan de la tarea de hacer la compra, sentadas en un banco. Son Aurora Yagüe y Magdalena Calzado.

Aurora ha sido emigrante en Alemania y asistenta durante muchos años: "Trabajamos mucho más las mujeres que los hombres. Puede que los hombres tengan más fuerza, pero las mujeres trabajamos un rato".

Magdalena, que ha sido ama de casa, reivindica la igualdad en todo, también que existan el mismo número de mujeres y hombres en puestos de responsabilidad. Las dos están enteradas de la huelga por la tele.

Lo primero que sorprende en el mercado es que es complicado encontrar mujeres detrás de los puestos. La mayoría de los comerciantes son hombres. Mª José Arranz lleva 20 años en el de Maravillas. Primero trabajaba con sus tíos y ahora es empleada de una frutería: "Más tendrían que pedir. Es una vergüenza que el hombre tenga que estar por delante de una mujer en todo".

Afirma que, en igualdad de puestos, ella ha percibido menos sueldo que ellos. "La mujer se considera más inteligente que el hombre pero el hombre gana más y se debe al machismo puro y duro. Ahora, por muchas huelgas que hagamos, el machismo va a existir toda la vida. No sé si voy a poder ir a la huelga pero las apoyo a todas y también tendrían que ir las niñas".

Igual de reivindicativa es Yolanda, una boliviana decidida que con mucho esfuerzo se ha convertido en dueña de 'El kiosko', una barra con especialidades latinas bien ricas y muy concurrida. "Si pudiera haría huelga, pero soy la dueña y tengo que trabajar porque si no se va la empresa a la quiebra". Tiene claro que las mujeres deben de ganar lo mismo que los hombres "incluso un poquito más, porque hacemos doble trabajo".

Yolanda dice que ha logrado ser jefa de sí misma con mucho sacrificio y muchas horas, "levantándome a las cinco de la mañana y volviendo a casa a las dos de la mañana". Tiene tres hijos y la conciliación le ha sido imposible.

Asunción, de 75 años, está enterada de que hay huelga mañana y lo primero que dice antes de que la grabemos es que "la clave es tener independencia económica". Ella trabajaba antes de jubilarse, en cambio su hija eligió ser ama de casa y dejar su profesión para cuidar a su hijo. "La mujer tiene que ser libre y teniendo igual puesto de trabajo y las mismas facultades, tienen que ganar lo mismo, ¿por qué no?".

Otras mujeres, más jóvenes que Asunción, prefieren mantener el anonimato. Es el caso de Irene, de 45 años, abogada y funcionaria. No está de acuerdo con la huelga. "La diferencia de sueldos en igualdad de puestos y educación, no es real. El problema es la conciliación y no se puede cargar a las empresas o a los colectivos privados con la maternidad, que es una cuestión de Estado. Estoy hablando del modelo escandinavo, de impuestos y prestaciones".

Tampoco nos deja grabarla Marta, una escritora en los 40 que usa nombre falso y es culturista. "Creo que la huelga no es la manera de lograr absolutamente nada. Mientras las mujeres no nos apoyemos entre nosotras, nunca conseguiremos ningún tipo de igualdad. Mañana voy a trabajar cinco veces más de lo que trabajo todos los días. Yo me manifiesto todos los días".

En una de las pescaderías mejor provistas del mercado, con los centollos y las cigalas diciendo 'cómeme', Antonio Municio, de 60 años, coloca los boquerones sobre el hielo con mimo. No está muy convencido de manifestarse sobre la huelga de mujeres porque considera que la igualdad está superada. "Bueno, si, estamos de acuerdo". ¿En qué?. "En que hay que igualarles con los hombres, ¿vale? Pues ya está".

La resignación de ellos es otra de las actitudes de estos días. Hasta Rajoy dice ahora que él no ha hablado de huelga a la japonesa.

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